¿Qué intensidad tendrá realmente «El Niño» 2026/27?

El fenómeno climático El Niño ya muestra señales claras de consolidación en el océano Pacífico ecuatorial. Durante las últimas semanas, los principales indicadores oceánicos y atmosféricos evolucionaron de manera consistente hacia una fase cálida, confirmando el establecimiento oficial del evento y marcando el inicio de una nueva etapa climática con potencial impacto a escala global.

Las proyecciones más recientes indican que el episodio podría intensificarse significativamente durante los próximos meses. Los modelos climáticos internacionales estiman una probabilidad cercana al 63% de que alcance una categoría muy fuerte, lo que lo posicionaría entre los eventos más destacados de las últimas décadas e incluso entre los de mayor intensidad observados desde mediados del siglo XX.

De mantenerse la actual tendencia de calentamiento del Pacífico tropical, el fenómeno continuaría fortaleciéndose de forma gradual a lo largo de la segunda mitad del año, alcanzando su máxima expresión durante el invierno boreal de 2026-2027. Este escenario es seguido de cerca por la comunidad científica debido a las importantes alteraciones que puede generar en los patrones de precipitación y temperatura en distintas regiones del mundo.

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Confirmación oficial

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmó oficialmente el desarrollo de El Niño tras detectar un calentamiento persistente de las aguas superficiales en amplias áreas del Pacífico ecuatorial central y oriental, acompañado por cambios característicos en la circulación atmosférica tropical.

Los registros más recientes muestran anomalías térmicas positivas que superan los valores normales para la época del año. Entre los principales indicadores utilizados para monitorear el fenómeno, la región Niño 3.4 presentó una anomalía de +0,7 °C, mientras que otras zonas del Pacífico ecuatorial registraron valores aún más elevados, alcanzando +2,1 °C.

Estos datos reflejan un fortalecimiento sostenido del calentamiento oceánico, considerado la señal distintiva de El Niño. A medida que este proceso continúe desarrollándose, aumentará la influencia del fenómeno sobre el clima global, favoreciendo cambios significativos en los regímenes de lluvias, temperaturas y ocurrencia de eventos meteorológicos extremos en diversas regiones del planeta.

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¿Qué intensidad tendrá el fenómeno?

Los principales modelos climáticos internacionales coinciden en que el actual episodio de El Niño continuará intensificándose durante los próximos meses. Las proyecciones derivadas de diversos sistemas de predicción estacional muestran una tendencia persistente al fortalecimiento del calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, con un probable pico de intensidad durante el período comprendido entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

Un evento con potencial de gran magnitud

Los especialistas destacan que el elevado grado de confianza en estos pronósticos se sustenta en la importante acumulación de calor observada en las capas subsuperficiales del Pacífico tropical, un factor que suele actuar como combustible para la evolución de El Niño. A esto se suma la persistencia de patrones atmosféricos favorables, entre ellos la intensificación de los vientos del oeste sobre sectores del Pacífico ecuatorial, una señal característica de eventos en fortalecimiento.

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Las estimaciones actuales indican una alta probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad excepcional durante el próximo verano austral. De confirmarse esta tendencia, El Niño podría ubicarse entre los episodios más relevantes de las últimas décadas, con capacidad para influir significativamente en los patrones de precipitación y temperatura en amplias regiones del planeta.

Un evento de estas características suele estar asociado a cambios importantes en la circulación atmosférica global, favoreciendo excesos de lluvia en algunas zonas y condiciones más secas en otras. Por ello, los organismos meteorológicos y climáticos mantienen un seguimiento permanente de su evolución, dado que sus efectos pueden repercutir sobre la producción agropecuaria, los recursos hídricos, la infraestructura y diversos sectores de la economía.

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