Silobolsas frente a El Niño: qué hacer para proteger los granos de las lluvias excesivas

Profundizando en este tema, se pueden reducir los riesgos asociados a las lluvias, los anegamientos y las dificultades operativas durante una campaña condicionada por El Niño.

Ante la posibilidad de períodos con mayores lluvias y excesos hídricos asociados al fenómeno El Niño, especialistas del INTA recomiendan anticiparse y acondicionar correctamente los patios de acopio. Revisar el drenaje, garantizar la firmeza del terreno, dejar espacios adecuados entre las bolsas y mantener los cierres accesibles son algunas de las medidas fundamentales para reducir riesgos.

El objetivo no es solamente evitar pérdidas de granos, sino también conservar la calidad de la mercadería y mantener la capacidad de trabajo durante los períodos de mayor humedad, cuando el acceso y la extracción pueden complicarse.

Desde el INTA Balcarce, especialistas elaboraron un documento con recomendaciones para optimizar el manejo de los silobolsas frente a escenarios de lluvias frecuentes. El enfoque apunta especialmente a prevenir anegamientos, roturas, dificultades de circulación y demoras durante la extracción de los granos.

“La planificación debe comenzar antes de embolsar. Cada bolsa tiene que quedar en condiciones de ser inspeccionada, reparada o retirada incluso después de varios días de lluvia”, señaló Leandro Cardoso, especialista en poscosecha del INTA Balcarce, Buenos Aires. En estos escenarios, explicó, el suelo pierde firmeza y disminuyen las posibilidades de realizar las tareas con normalidad.

Seguir leyendo: El fenomeno de El Niño más mortífero se cobró 50 millones de muertes

Preparar el terreno antes de embolsar

Uno de los primeros pasos consiste en conocer cómo circula el agua dentro del lote y verificar que las pendientes, cunetas y salidas permitan evacuarla correctamente. También resulta conveniente corregir depresiones, recuperar la firmeza de las zonas destinadas al tránsito y retirar piedras, rastrojos u otros elementos que puedan perforar o deteriorar el plástico de las bolsas.

Sin embargo, el acondicionamiento debe realizarse sin remover innecesariamente la capa superficial del suelo. La superficie disponible debe definirse considerando la posibilidad real de circular y trabajar con el terreno húmedo.

Una elevada ocupación del playón puede permitir almacenar una mayor cantidad de granos, pero también puede generar inconvenientes. Bloquear los sectores de drenaje, limitar las recorridas o dificultar el acceso a una bolsa con problemas puede transformar una ventaja de capacidad en un riesgo operativo.

Te puede interesar: Se encienden las alarmas por El Niño: dos países ya declararon la emergencia

Dejar espacio entre los silobolsas

La distribución de las bolsas también resulta determinante. Cardoso recomendó dejar al menos un metro libre entre bolsas contiguas y también entre sus extremos.

Esta separación facilita las tareas de inspección, permite que el suelo se seque después de las precipitaciones y disminuye la posibilidad de que la maquinaria dañe una bolsa cercana durante las operaciones de extracción.

Además, los cierres deben permanecer separados, visibles y accesibles, de manera que puedan ser revisados o reparados rápidamente ante cualquier inconveniente.

Cuando se utilizan bloques formados por varias bolsas, su tamaño debe calcularse teniendo en cuenta el tiempo necesario para alcanzar la última unidad y retirar el grano almacenado. Bajo condiciones adversas, la velocidad de extracción puede disminuir considerablemente. Por eso, concentrar demasiadas bolsas en un mismo sector puede dificultar una respuesta rápida frente a problemas de humedad o anegamiento.

Te puede interesar: ¿Qué intensidad tendrá realmente «El Niño» 2026/27?

Cierres: un punto crítico durante las lluvias

El cierre inicial y el final de cada bolsa requieren tiempo, personal y materiales adecuados. Si bien el nudo puede ser una alternativa rápida, no debería considerarse una barrera suficiente frente a un anegamiento prolongado.

En estos casos, el especialista señaló que el termosellado o el uso de cintas específicas pueden mejorar la hermeticidad, siempre que se apliquen correctamente y se controle posteriormente el resultado.

La calidad del cierre adquiere especial importancia cuando las condiciones ambientales favorecen la presencia de humedad, ya que cualquier punto vulnerable puede comprometer la conservación del grano.

Tamaño de las bolsas y capacidad del terreno

En establecimientos con poco espacio disponible, las bolsas de mayor diámetro permiten almacenar una mayor cantidad de toneladas por metro lineal, mientras que las bolsas más largas pueden reducir la cantidad de montajes y cierres necesarios.

Sin embargo, esta decisión no debería tomarse solamente en función de la capacidad de almacenamiento. Según Cardoso, también es necesario evaluar la capacidad portante del terreno, el drenaje, los accesos y la compatibilidad con la maquinaria disponible.

De esta manera, la elección del tipo y tamaño de bolsa debe formar parte de una planificación integral del patio de acopio.

Monitoreo permanente para conservar la calidad

Otro aspecto fundamental es la identificación y el seguimiento de cada unidad. Cardoso recomendó que cada bolsa esté ubicada en un plano y registrada en el sistema de operación, con información sobre el cultivo, fecha de embolsado, procedencia, humedad de ingreso, tipo de cierre y eventuales reparaciones.

El monitoreo del plástico y de los extremos puede complementarse con muestreos del grano y, cuando corresponda, con mediciones de dióxido de carbono como indicador indirecto de actividad biológica.

La vigilancia debe intensificarse especialmente cuando ingresan trigo, cebada o colza con niveles elevados de humedad. Si la planta no dispone de suficiente capacidad de secado, será necesario prever los tiempos de espera y priorizar las partidas que presenten mayor riesgo de deterioro.

En definitiva, la estrategia frente a un escenario húmedo no consiste únicamente en aumentar la capacidad de almacenamiento. La clave es conservar la posibilidad de inspeccionar, intervenir y extraer los granos durante todo el período de acopio.

Con una correcta planificación del terreno, una distribución adecuada de los silobolsas, cierres seguros y un monitoreo permanente, se pueden reducir los riesgos asociados a las lluvias, los anegamientos y las dificultades operativas durante una campaña condicionada por El Niño.

Compartir en