Los datos confirman una paradoja en la última campaña de trigo: mientras el volumen físico marcó un hito, la degradación en la calidad del grano afectó directamente el retorno económico de los productores.
Existe una regla casi inquebrantable en el campo argentino: cuando el trigo sobra, la calidad falta. Romper este ciclo requiere una inversión en nutrición de cultivos que hoy el bolsillo del productor no permite. Los resultados de la zafra 2025/26 son la prueba más reciente; aunque el país festejó una cosecha récord difícil de igualar, el cereal obtenido quedó lejos de los estándares de excelencia deseados.
Campaña 2025/26:
El desafío de la calidad ante el volumen Los datos del reciente Relevamiento de Calidad de Trigo Argentino exponen una paradoja productiva en Córdoba. Aunque el análisis de las 96.771 toneladas relevadas muestra un excelente desempeño en volumen por hectárea, la entidad advierte que la baja calidad comercial penalizó los valores de cierre, mermando la rentabilidad final esperada para esta campaña.
Entre el volumen récord y la erosión del valor
El sector agropecuario argentino se encuentra frente a una encrucijada que define su identidad productiva: la aparente incompatibilidad entre la cantidad cosechada y la calidad obtenida. Lo que para muchos sectores industriales es un desafío de crecimiento, para la cadena del trigo es un «techo de cristal» que impacta directamente en la competitividad global del país.
1. El Costo oculto de la dilución de proteína
La relación inversa entre rendimiento y calidad no es solo un fenómeno biológico; es un golpe financiero. Cuando el productor prioriza el volumen para cubrir costos fijos, se produce un efecto de dilución: a mayor cantidad de granos por espiga, menor es la concentración de componentes clave como el nitrógeno.
Un trigo que no alcanza los estándares de proteína (mínimo 11%), gluten o peso hectolítrico sufre castigos en la comercialización. En un mercado internacional cada vez más exigente, un grano de baja calidad se desplaza hacia el segmento de «trigo forrajero», perdiendo los premios por calidad que ofrecen los molinos y exportadores de élite. Esto reduce márgenes de ganancia que, debido a la presión impositiva y los costos logísticos, ya operan al límite.

2. El Círculo vicioso de la rentabilidad ajustada
La toma de decisiones en el lote está condicionada por una disyuntiva económica perversa:
- La Inversión: Maximizar la calidad requiere una fertilización nitrogenada superior y estratégica (fraccionada), lo cual eleva el costo directo.
- El Riesgo: En un escenario de precios volátiles y clima incierto, el productor opta por la «defensa». Prefiere asegurar kilos que invertir en un atributo (calidad) que el mercado no siempre premia de forma transparente o suficiente.
Este comportamiento genera un círculo vicioso: para diluir los elevados costos de producción, se busca el máximo volumen posible; este volumen satura el mercado con grano estándar, deprimiendo el precio por tonelada y reforzando la necesidad de buscar aún más volumen en la siguiente campaña para sobrevivir.
El Espejismo de los silos llenos
La reciente campaña 2025/26 quedará en los registros por sus cifras históricas de producción. Sin embargo, los silos llenos han ocultado una realidad incómoda revelada por la Bolsa y Cámara de Cereales de Córdoba: la caída en los índices de excelencia industrial.
Tener volumen sin calidad es poseer un activo a mitad de su potencial. La Argentina corre el riesgo de ser vista solo como un proveedor de materia prima barata, perdiendo la oportunidad de posicionarse como un origen de trigo segregado con valor agregado, capaz de abastecer a los mercados más sofisticados de la región y el mundo.
Hacia un nuevo paradigma triguero
Para romper este esquema estructural, no basta con el esfuerzo individual del productor; se requiere un enfoque sistémico que incluya:
- Segregación y Logística: Sistemas que permitan identificar y separar el trigo de alta proteína desde el acopio para que el valor no se pierda en la mezcla.
- Tecnología de Precisión: Aplicación variable de insumos para optimizar la eficiencia del nitrógeno según el potencial de cada ambiente.
- Estímulos Claros: Políticas que incentiven el uso de fertilizantes y mecanismos de mercado que aseguren que el «plus» de calidad llegue efectivamente al bolsillo del agricultor.
La sostenibilidad del trigo argentino no se medirá únicamente en millones de toneladas, sino en la capacidad de producir granos que cumplan con la promesa de excelencia que el mercado global demanda. El desafío está planteado: pasar de una agricultura de subsistencia por volumen a una de rentabilidad por valor.




