Los costos internos, la logística, la estrategia comercial y los cambios en las preferencias de los consumidores también condicionan la competitividad.
La vitivinicultura argentina enfrenta un desafío que va más allá de la menor demanda internacional. Según un informe del IERAL, durante el primer semestre de 2026 los despachos crecieron 14% en volumen, pero la facturación apenas aumentó 3%, mientras que el precio promedio cayó cerca de 10%.
El incremento de los litros exportados estuvo impulsado, en parte, por el mayor dinamismo de los vinos a granel, que no logró compensar el retroceso de los productos fraccionados. En Mendoza, principal provincia vitivinícola, las exportaciones de varietales envasados fueron 36% menores que en 2010, mientras que el precio real obtenido quedó 7% por debajo del registrado entonces.
Un mercado mundial más pequeño
El retroceso argentino se da en un escenario internacional complejo. El consumo mundial de vino cayó 15%, al pasar de unos 244 millones de hectolitros en 2017 a 208 millones en 2025. La contracción estuvo fuertemente influida por China, aunque incluso sin ese mercado la baja habría rondado el 10%.
Al mismo tiempo, las importaciones internacionales, que habían alcanzado niveles superiores a 100 millones de hectolitros, también retrocedieron durante los últimos tres años, reduciendo las oportunidades para los países exportadores.
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Argentina perdió participación
El menor consumo mundial explica sólo una parte del problema. Argentina llegó a representar cerca del 4,7% de las ventas mundiales de vino hacia fines de la década de 2000, pero desde entonces perdió participación hasta ubicarse en apenas 2,1% en 2025.
Estados Unidos, destino de aproximadamente 24% de los envíos argentinos, es uno de los casos más evidentes: sus compras de vinos fraccionados cayeron 32% en once años, mientras que la participación argentina pasó de un máximo de 8,2% a 3,7% en 2026.
Brasil también muestra una pérdida de protagonismo relativo. Aunque sus compras de vino argentino aumentaron fuertemente en términos de valor, la participación nacional pasó del 26% alcanzado a mediados de los 2000 al 19% actual.
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El dólar ya no alcanza
La mejora del tipo de cambio real después de la salida de la convertibilidad favoreció durante años la expansión de las exportaciones vitivinícolas. Sin embargo, esa ventaja cambiaria se redujo y las bodegas comenzaron a perder posiciones.
El informe señala que el problema no depende únicamente del dólar: los costos internos, la logística, la estrategia comercial y los cambios en las preferencias de los consumidores también condicionan la competitividad.
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El mercado internacional demanda cada vez más vinos blancos, rosados, frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos, lo que plantea un desafío para la oferta tradicional.
Frente a este escenario, el sector deberá apuntar no sólo a exportar más litros, sino también a recuperar valor por botella y participación de mercado. Adaptar la oferta, mejorar el posicionamiento y recuperar competitividad serán claves para que el vino argentino vuelva a ganar espacio en el mundo.




