La campaña sojera 2025/26 muestra un comportamiento inusual en el mercado argentino. A pesar del avance de la cosecha, apenas el 22% de la producción ya tiene un precio fijado, el nivel más bajo registrado en más de tres décadas.
El dato surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que atribuye este escenario a una combinación de precios poco atractivos, una mejor situación financiera de los productores y estrategias comerciales que privilegian esperar antes de vender.
La entidad proyecta una producción de 51,5 millones de toneladas para esta campaña, por encima de los 49,5 millones obtenidos en el ciclo anterior. Sin embargo, el mayor volumen disponible no se tradujo en un ritmo acelerado de operaciones con precio firme.
Según datos de la Secretaría de Agricultura citados por la BCR, la industria y la exportación ya adquirieron 18,1 millones de toneladas de soja. De ese total, 10,4 millones cuentan con precio cerrado, mientras que unas 7,6 millones permanecen bajo la modalidad de precio a fijar.
Precios que no convencen
Uno de los principales factores que explica la cautela de los productores es el nivel de las cotizaciones. Si bien el valor de la soja en dólares supera en un 18% al de hace un año, el incremento pierde fuerza cuando se mide en pesos ajustados por inflación, donde la mejora ronda el 8,5%.
Además, los precios actuales continúan por debajo de los promedios históricos, lo que reduce los incentivos para cerrar negocios.
A esto se suma que muchos establecimientos ya lograron cubrir sus necesidades financieras mediante la venta de otros cultivos, como maíz, trigo, cebada y girasol, cuyas operaciones alcanzaron niveles históricamente elevados durante esta campaña.
Las razones detrás de la demora en las ventas
Para los especialistas, el bajo porcentaje de soja con precio fijado responde a varios factores acumulados durante los últimos meses.
El analista de granos Jeremías Battistoni, de AZ-Group, recordó que una parte importante de la producción ya había sido comercializada anticipadamente en septiembre de 2025, cuando la eliminación temporal de los derechos de exportación impulsó una mejora en las cotizaciones.
Posteriormente, los precios volvieron a retroceder y recién reaparecieron valores atractivos cerca del inicio de la cosecha. Sin embargo, para ese momento muchos productores ya habían resuelto su situación financiera y optaron por esperar una eventual nueva reducción de las retenciones antes de vender el resto de la mercadería.
A este escenario se sumaron las complicaciones climáticas, que demoraron las tareas de cosecha por las lluvias, la utilización de silobolsas para almacenar la producción y un paro del transporte que también dificultó el movimiento del grano.
Otro elemento que influyó en las decisiones fue el comportamiento del mercado de futuros. Durante abril, las posiciones para entrega en noviembre ofrecían valores superiores a los disponibles para entrega inmediata, lo que generó un incentivo económico para postergar las ventas.
Con mejores precios proyectados para los próximos meses, muchos productores eligieron conservar la soja y esperar un escenario más favorable antes de fijar valores definitivos, una estrategia que explica por qué la comercialización con precio firme atraviesa hoy su nivel más bajo desde mediados de la década de 1990.




