La inesperada historia de las boleadoras

La historia de las boleadoras del gaucho es, en realidad, una historia mucho más antigua y universal que se remonta a los pueblos originarios del continente americano, e incluso a otras culturas del mundo.

El gaucho adoptó y perfeccionó esta herramienta de caza y combate heredada de las culturas prehispánicas del Cono Sur

Aquel instrumento que creíamos tan criollo y pampeano como el mate, resulta ser un artefacto de uso mundial con una historia milenaria. Este artículo busca destacar la verdadera relevancia de las boleadoras, un accesorio heredado de nuestros pueblos originarios al que, por ser tan común en el pasado, nunca le dimos la debida importancia.

Una historia global y milenaria

La historia de las boleadoras es fascinante y su alcance geográfico, sorprendente.

  • Antigüedad: Hay rastros en yacimientos arqueológicos de más de 5.000 años en la Patagonia Argentina (Abrigo de Marazzi, Tierra del Fuego, 2.000 a.C.) y de 11.000 años en Chile (Monte Verde). Su origen parece estar ligado al ingreso del hombre americano desde el Norte de Asia.
  • Alcance Mundial: Se sabe que fueron utilizadas por los esquimales (Inuit) en el Ártico para cazar patos, en China como arma de defensa, y fueron de uso habitual entre los Incas y Aztecas. Es probable que su antigüedad sea similar a la de la honda o el arco.

Las primeras boleadoras y sus Usos ancestrales

Antes de la llegada del caballo, las boleadoras eran herramientas esenciales. Sin dudas, se utilizaban para cazar llamas, guanacos, avestruces y el Choique (un tipo de avestruz más pequeño).

  • Boleadoras Inuit: Los pueblos árticos usaban boleadoras compuestas por un número variable de cuerdas con pesas de marfil de morsa, a menudo con formas esferoides o piriformes. Se arrojaban girando alrededor de la cabeza para cazar aves en vuelo.
  • Uso en Tiwanaku e Imperio Inca: Se usaron frecuentemente desde la época Pre-incaica (1500 a.C.) hasta el Imperio Inca (1500 d.C.). Sus pesas eran también de metal y se utilizaban para la guerra y la caza de aves. Las famosas hondas Incas y Aztecas (Tematlatl) podrían ser un derivado de este tipo de armas de volea.

Tipos de boleadoras y su poder

1. Bola Perdida (O de una única bola)

Consiste en una sola bola atada a un cordel. Se lanza girándola sobre la cabeza para impactar la cabeza de la presa o enemigo. Su función es el traumatismo (golpe) y no la aprehensión.

  • Uso como Maza: Manteniendo el cordel, el arma también se usaba como maza.
  • Bolas Erizadas (Rompecabezas): Algunos especímenes arqueológicos presentan protuberancias, lo que aumenta su poder contundente. Cronistas de la conquista, como los que documentaron la muerte de Don Juan de Garay, relataron su terrible eficacia.

2. Ñanducera (De dos bolas)

Comúnmente llamada ñanducera, consta de dos bolas (una de ellas más liviana, llamada «manija») y su longitud tradicional se medía con una braza (aproximadamente 1,67 metros). Su uso se asocia a la caza de ñandúes.

3. Tres Marías (De tres bolas)

Fueron las más comunes para el trabajo con ganado y caballos. Al ser arrojadas, las tres bolas se retuercen alrededor de las patas o el cuello del animal, provocando su caída y facilitando la captura, sin ser necesariamente letales.

El arte de bolear

El diseño de las boleadoras (con sus bolas voladoras y la manija más pequeña) y la confección de los tientos (con cuero de potro o tendón de ñandú) son parte de una rica tradición.

El arte de bolear se centraba en hacer girar el arma velozmente sobre la cabeza («revolearlas») y lanzarlas con gran precisión.

  • Tiros de Captura: Si el objetivo es capturar, se dirigen a las piernas o patas para que los tientos se enreden.
  • Tiros Letales: Para el combate cuerpo a cuerpo, una de las piedras podía usarse a modo de maza sobre la cabeza del oponente. El tiro de tres vueltas podía alcanzar hasta 50 metros.
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