Los ingresos tributarios registraron en julio su segundo mes consecutivo de crecimiento real, una señal que el equipo económico uruguayo vincula con una recuperación de la actividad. El Gobierno sostiene su previsión de crecimiento para 2026, aunque los analistas privados proyectan una expansión menor.
La recaudación tributaria de Uruguay volvió a mostrar una mejora en julio y reforzó las expectativas oficiales sobre una recuperación de la economía durante la segunda mitad del año. Según los datos difundidos por la Dirección General Impositiva (DGI), los ingresos netos del fisco crecieron 5,8% en términos reales frente al mismo mes de 2025.
El resultado se produjo después de un primer semestre con un comportamiento irregular y representa el segundo mes consecutivo de crecimiento real de la recaudación. Para las autoridades económicas, la evolución de los ingresos constituye una señal relevante porque una parte importante de los tributos está directamente vinculada con el consumo, los ingresos laborales y las ganancias empresariales.
En julio, la recaudación bruta alcanzó $63.094 millones, un aumento nominal de 8,1% interanual. Al descontar el efecto de la inflación, el incremento fue de 3,7%.
Si se excluyen las devoluciones de impuestos, los ingresos netos llegaron a $51.939 millones, con una mejora real del 5,8% respecto de julio del año pasado.
Un año con altibajos, pero con saldo positivo
La trayectoria de la recaudación durante 2026 estuvo lejos de ser lineal. En términos reales, los ingresos brutos cayeron 2% en enero y 4% en febrero, antes de recuperar terreno en marzo y abril, cuando registraron aumentos de 5% y 9,9%, respectivamente.
En mayo volvieron a retroceder 0,8%, mientras que junio mostró una recuperación de 2,6%. Con el resultado de julio, el acumulado de los primeros siete meses del año pasó a mostrar un crecimiento real del 2% respecto del mismo período de 2025.
La evolución es seguida de cerca por el Ministerio de Economía y Finanzas porque la recaudación funciona como uno de los principales indicadores indirectos del nivel de actividad.
Entre los tributos que explican buena parte de los ingresos se encuentran el IVA, asociado al consumo, el IRPF, relacionado con las rentas del trabajo, y el IRAE, que grava las ganancias empresariales. Los tres mostraron un comportamiento positivo en términos reales durante el acumulado del año.
El Gobierno espera un rebote en el tercer trimestre
La mejora de la recaudación se produce mientras el equipo económico espera una recuperación de la actividad durante el tercer trimestre.
El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, explicó ante la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados que el segundo trimestre estuvo fuertemente condicionado por la sequía, que habría provocado una contracción de la actividad respecto de los primeros tres meses del año.
Según el funcionario, ese impacto ya estaba contemplado en las proyecciones oficiales. Para el período julio-septiembre, en cambio, el Gobierno espera que desaparezca el efecto climático y se produzca un “rebote importante” de la economía.
Oddone, de todos modos, aclaró que la recuperación prevista no sería suficiente para compensar completamente las caídas registradas previamente. El escenario que maneja el Ministerio apunta hacia una normalización de la actividad durante la segunda mitad del año.
“Con los datos que tenemos en este momento, no tenemos razones para pensar que el crecimiento se va a alejar del 1,6%”, sostuvo el ministro.
La recaudación, una pieza clave para las cuentas públicas
El desempeño de los ingresos tributarios adquiere especial importancia porque el Gobierno necesita que la actividad económica acompañe sus proyecciones para cumplir con las metas fiscales previstas.
Una economía que crece genera mayor consumo, empleo, ingresos y rentabilidad empresarial, lo que se traduce en una mayor recaudación de impuestos. Por eso, la evolución de los ingresos de la DGI constituye para el equipo económico una señal para evaluar si el escenario fiscal proyectado continúa siendo viable.
En este contexto, el crecimiento real de la recaudación durante junio y julio aparece como un dato favorable después de los retrocesos registrados al comienzo del año.
Los privados son más cautelosos
La proyección oficial de 1,6% de crecimiento del PIB para 2026 se encuentra por encima de las expectativas del sector privado.
De acuerdo con la encuesta de expectativas que realiza el Banco Central del Uruguay (BCU), los 21 analistas consultados estiman en promedio una expansión de 1,3% para este año.
Las previsiones individuales muestran además una dispersión considerable: van desde una expansión mínima de 0,46% hasta una máxima de 2,07%.
La diferencia entre ambas proyecciones refleja la incertidumbre sobre la velocidad con la que la economía podrá recuperarse después de un primer semestre condicionado por factores transitorios.
Mientras el Gobierno confía en que el repunte del tercer trimestre permita sostener su objetivo de crecimiento, la evolución de la actividad, el consumo y la recaudación durante los próximos meses será determinante para confirmar si la economía uruguaya finalmente logra cerrar 2026 con una expansión cercana al 1,6%.




