Lo que poco se habla: Crisis productiva yerbatera en el norte del país

La producción de yerba mate es la columna vertebral económica, social y cultural de Misiones. Sin embargo, al iniciar 2026, el sector atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos 25 años, marcada por un cambio radical en las reglas del juego.

Misiones concentra aproximadamente el 90% de la producción nacional. Junto al norte de Corrientes, forman la única región del mundo capaz de producir yerba mate a escala industrial. A diferencia de otros cultivos altamente mecanizados (como la soja), la yerba mate se basa en el pequeño productor. Más de 12.000 familias de colonos poseen parcelas de entre 10 y 25 hectáreas, lo que genera una distribución democrática de la tierra y evita el éxodo rural.

A partir de finales de 2023, el sector yerbatero misionero ingresó en una fase de profunda inestabilidad, impulsada por un giro radical en las políticas públicas. La implementación del DNU 70/23 marcó el inicio de una desregulación que ha erosionado los mecanismos de protección histórica de una de las economías regionales más estratégicas del noreste argentino.

La neutralización del INYM y la pérdida del precio sostén

El eje central de esta crisis radica en la quita de facultades al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Este organismo, diseñado para arbitrar y garantizar un equilibrio sistémico en la cadena, fue despojado de su potestad para fijar precios de referencia. Al eliminar esta mediación estatal entre los colonos (productores primarios) y el sector industrial (secaderos y molinos), se ha instaurado un esquema de fijación unilateral de precios.

En este nuevo escenario, la industria impone valores por la materia prima que no responden a la estructura de costos, sino a su propia conveniencia financiera, dejando al productor en una situación de vulnerabilidad extrema:

  • Atraso en los valores: Los precios ofrecidos por el kilo de hoja verde han quedado sistemáticamente por debajo del costo de producción.
  • Financiación forzada: Los pagos se efectúan con plazos de 60 a 90 días, una dinámica insostenible en un contexto inflacionario que asfixia la capacidad operativa del colono para encarar la cosecha.

Asimetría geográfica y productiva

La desregulación impacta de manera desigual según la escala y la ubicación:

  • Misiones: Es el epicentro de la crisis, ya que concentra a miles de pequeños productores cuyas economías de subsistencia dependen de un precio justo. Para ellos, la falta de regulación significa la degradación de sus yerbales y la pérdida de rentabilidad.
  • Corrientes: Hacia el sur del límite interprovincial, predominan las grandes extensiones y corporaciones integradas. Esta estructura latifundista les permite absorber mejor el impacto de la desregulación, acentuando la brecha de competitividad frente al modelo de colonias misioneras.

El Alerta de las cooperativas Misiones ante el colapso del sector

Desde inicios de 2024, el mapa productivo del litoral argentino ha mostrado señales de un deterioro sostenido. Las cooperativas agrícolas de Misiones, pilares del desarrollo regional, han sistematizado las causas de esta crisis y elevado peticiones formales ante las nuevas autoridades del INYM. El objetivo es urgente: mitigar los efectos de las políticas públicas actuales que han sumido a las entidades en un escenario de endeudamiento crítico, cesación de pagos y un horizonte de absoluta incertidumbre.

A través de un comunicado difundido por Coninagro, la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones (FEDECOOP) describió la gravedad de la situación, destacando que el sistema cooperativo —eslabón clave entre el colono y el mercado— está comenzando a mostrar síntomas de agotamiento financiero.

Un tejido social al límite de la subsistencia

El diagnóstico de la federación es contundente respecto a la distorsión de precios y la vulnerabilidad del productor:

“Es evidente la compleja coyuntura que atraviesa el sector. Nos enfrentamos a precios irrisorios por la materia prima que, en gran parte de los casos, no logran cubrir ni el 50% de los costos de producción. A esto se suma el cobro en plazos excesivamente largos, trasladando el costo financiero directamente al eslabón más débil: el productor”, detalla el informe.

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