Producción lechera en alza, pero cada vez con menos tambos: se profundiza la concentración del sector

Mientras la producción de leche continúa mostrando signos de recuperación en Argentina, el mapa de la actividad tambera sigue reduciéndose.

La mejora en los volúmenes obtenidos convive con un proceso sostenido de cierre de establecimientos, que impulsa una mayor concentración de la producción en explotaciones de gran escala.

De acuerdo con los últimos datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), en mayo el país registró 8.813 tambos en actividad, lo que representa una caída interanual del 2,5%.

En términos concretos, desaparecieron 226 establecimientos en los últimos doce meses y solo durante mayo dejaron de operar 32 unidades productivas, profundizando una tendencia que se mantiene desde hace varios años.A pesar de este escenario, la producción no se detiene.

Durante mayo se elaboraron 915,6 millones de litros de leche, cifra que significó un crecimiento del 10,7% respecto de abril y del 2% frente al mismo mes de 2025. En el acumulado de los primeros cinco meses del año, la actividad exhibe un incremento cercano al 6%, mientras las proyecciones anticipan que 2026 podría cerrar con una expansión de entre 3,5% y 4%.

El fenómeno responde, en gran medida, al crecimiento de los establecimientos de mayor tamaño, que continúan aumentando su participación en la producción nacional. Si bien el rodeo lechero mostró una leve baja interanual del 0,25%, la reducción en la cantidad de tambos provocó que el promedio de vacas por establecimiento aumentara de 173 a 177 animales, reflejando unidades productivas cada vez más grandes.

Menos tambos, mayor participación de los grandes establecimientos

La transformación del sector también se observa al comparar la estructura productiva de la última década. En 2010, los tambos que producían menos de 2.000 litros diarios representaban alrededor del 60% de los establecimientos y aportaban el 27% de la producción nacional. En contraste, los establecimientos que superaban los 10.000 litros diarios apenas constituían el 1% del total y explicaban cerca del 5% del volumen producido.

Hoy, la realidad es muy diferente. Un reducido grupo de grandes tambos concentra una porción cada vez mayor de la producción, mientras las explotaciones más pequeñas pierden participación y enfrentan crecientes dificultades para sostener su actividad.

Desde el OCLA consideran que este proceso responde a una dinámica global. Su director ejecutivo, Jorge Giraudo, explicó que las explotaciones de mayor escala cuentan con mejores herramientas para afrontar tanto los vaivenes económicos como los eventos climáticos extremos.

Los sistemas más tecnificados permiten mantener a los animales bajo condiciones controladas, con alimentación permanente, sombra, ventilación y sistemas de refrigeración que reducen el estrés térmico y mejoran la productividad.

En ese sentido, Giraudo señaló que mientras el promedio nacional ronda actualmente entre 22 y 23 litros diarios por vaca, los establecimientos más eficientes alcanzan producciones de 30 a 40 litros, niveles que les permiten distribuir mejor sus costos y sostener mayores márgenes de rentabilidad.

Los tambos familiares aún muestran capacidad de adaptación

Desde el movimiento CREA reconocen que la concentración continuará avanzando, aunque sostienen que todavía existen oportunidades para las explotaciones familiares que logran altos niveles de eficiencia.

Jorge Olmedo, integrante de CREA Gelas y CREA Tamberos Robóticos, destacó que Argentina mantiene una tasa de cierre de tambos inferior a la de otros países productores y atribuyó esa diferencia a la capacidad de adaptación que históricamente mostró el sector.

Sin embargo, advirtió que el contexto económico continúa siendo complejo. Según explicó, la facturación real de los tambos se ubica aproximadamente 10% por debajo de la registrada el año pasado y muchas empresas atraviesan un escenario de rentabilidad ajustada e incluso pérdidas.

La lechería argentina atraviesa una paradoja: produce cada vez más leche, pero lo hace con un número cada vez menor de establecimientos. La incorporación de tecnología, el aumento de escala y la búsqueda de mayor eficiencia están redefiniendo el mapa productivo.

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