Récord exportador: el maíz como gran protagonista

El arranque de 2026 consolida un escenario inédito para el sector agroindustrial argentino. Durante el primer cuatrimestre, las exportaciones del complejo alcanzan niveles récord, impulsadas principalmente por el fuerte desempeño del maíz y el crecimiento sin precedentes del girasol en los mercados internacionales.

De acuerdo con las proyecciones del sector, entre enero y abril se embarcarían cerca de 40 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 11% respecto del máximo previo. El dato resulta aún más significativo si se tiene en cuenta que este volumen se alcanza sin un aporte pleno del complejo sojero, que todavía no ingresó con fuerza al circuito comercial.

El maíz se posiciona como el principal motor de este salto exportador. Solo entre marzo y abril, los envíos proyectados rondan las 10,3 millones de toneladas, con un ritmo cercano a las 5 millones mensuales, una marca inédita para esta etapa del año. En comparación con el ciclo anterior, el crecimiento alcanza el 54% y supera ampliamente los promedios históricos.

Este desempeño se explica por una combinación de factores: una cosecha estimada en 67,6 millones de toneladas, buenos rindes y una mayor superficie sembrada. A nivel local, el dinamismo también se refleja en la comercialización, con 23,7 millones de toneladas ya negociadas, equivalentes al 35% de la producción proyectada.

En paralelo, el contexto internacional acompaña. La menor oferta global en el corto plazo, junto con las limitaciones productivas en algunos países exportadores clave, sostiene los precios y mejora la competitividad del cereal argentino, cuyos valores FOB muestran una recuperación en lo que va del año.

Otro cultivo que aporta dinamismo es el girasol, que atraviesa una campaña excepcional. Con una producción estimada en 7,3 millones de toneladas —un 30% más que el ciclo anterior—, el complejo girasolero también marca un hito en materia de exportaciones.

En particular, se destaca el crecimiento de los envíos de semilla sin procesar, que rozan el millón de toneladas, un volumen poco habitual para un país que históricamente exporta productos industrializados. Este cambio responde a una combinación de alta oferta local y una demanda sostenida desde Europa, donde Argentina logró ganar participación de manera significativa.

A esto se suma el buen desempeño de la harina y el aceite de girasol, en un contexto global de oferta ajustada que mantiene precios elevados y favorece las exportaciones argentinas.

Un dato relevante del período es el menor peso relativo de la soja en los embarques. Se trata de la participación más baja en más de dos décadas para esta altura del año, lo que pone en evidencia un cambio en la dinámica exportadora, con mayor protagonismo de otros cultivos como el maíz, el trigo, la cebada y el girasol.

De cara a los próximos meses, el escenario muestra señales mixtas. Mientras el maíz mantiene firmeza en los precios tras el avance de la cosecha, la soja comienza a enfrentar una mayor presión estacional. En este contexto, el cereal se perfila como una de las alternativas más atractivas para el productor.

En términos estructurales, el desempeño del primer cuatrimestre confirma el rol central del agro como generador de divisas para la economía argentina, aunque también deja ver una progresiva diversificación del esquema exportador.

En los últimos años, sectores como la energía comenzaron a ganar protagonismo, modificando la composición de las exportaciones. Sin embargo, el complejo agroindustrial continúa siendo el principal sostén, tanto por volumen como por capacidad de respuesta frente a la demanda internacional.

El inicio de 2026 deja así una señal clara: en un contexto global desafiante, el campo vuelve a posicionarse como uno de los pilares clave para el crecimiento económico, con un aporte decisivo en la generación de dólares y en la dinámica productiva del país.

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