Una bacteria amenaza a los frutales: detectan una enfermedad que afecta a peras y manzanas

Especialistas del INTA lleva adelante estudios epidemiológicos para conocer cómo se comporta la enfermedad, información que será fundamental para desarrollar estrategias eficaces de control y mitigación a lo largo de la cadena productiva.

Investigadores del INTA Alto Valle identificaron la presencia de Rahnella aceris, una bacteria capaz de provocar podredumbre en frutos de pepita durante su conservación en frío. La enfermedad se caracteriza por generar una podredumbre marrón, blanda y cóncava, principalmente en la zona ecuatorial de la fruta.

El hallazgo fue realizado por el Laboratorio de Fitopatología de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Alto Valle del INTA, que detectó esta nueva patología bacteriana en frutos de la región. El caso, reportado al Sinavimo, fue identificado durante la etapa de conservación de fruta embalada.

Los primeros casos fueron registrados durante las campañas poscosecha de 2024 y 2025, en distintos establecimientos de empaque y conservación, luego de períodos de almacenamiento en frío de entre 2 y 8 meses.

“Si bien se constató una mayor incidencia en peras de la variedad D’Anjou y, en menor medida, en Packham’s, también se registraron casos en manzanas Red Delicious”, explicó Aluminé Tudela, especialista del INTA Alto Valle.

Cómo se manifiesta la enfermedad

El principal síntoma es una podredumbre marrón, blanda y cóncava, generalmente circular, ubicada en la zona ecuatorial del fruto y acompañada por halos translúcidos en sus márgenes.

Al cortar la fruta, el daño puede observarse avanzando hacia la pulpa y, en algunos casos, aparece una masa mucosa que constituye el signo visible de la bacteria, detalló Tudela.

A simple vista, los síntomas pueden confundirse con la podredumbre causada por el hongo Penicillium expansum. Sin embargo, existen diferencias: en esta enfermedad bacteriana resulta difícil distinguir el tejido sano del afectado y no se observa esporulación ni crecimiento micelial sobre la superficie dañada.

Una bacteria que podría permanecer latente

La amplia distribución de los casos detectados en el Alto Valle y su reaparición en lotes provenientes de las mismas fincas sugieren que la infección podría originarse en el campo y permanecer latente hasta que la fruta ingresa a las cámaras de conservación.

Para identificar al microorganismo responsable, los investigadores realizaron secuenciación genómica completa y análisis filogenético, en colaboración con especialistas del Instituto de Patología Vegetal (IPAVE). Estos estudios permitieron confirmar que se trata de la bacteria Rahnella aceris.

Posteriormente, las inoculaciones realizadas en laboratorio confirmaron su capacidad para provocar la enfermedad. Además, se comprobó que las variedades de pera Packham’s, D’Anjou, Williams y Abate Fetel son susceptibles a este agente bacteriano.

Estudios para determinar cómo controlar la enfermedad

Actualmente, el equipo de especialistas del INTA lleva adelante estudios epidemiológicos para conocer cómo se comporta la enfermedad, información que será fundamental para desarrollar estrategias eficaces de control y mitigación a lo largo de la cadena productiva.

Desde el INTA también remarcaron la importancia de informar al área de Fitopatología-Sanidad Vegetal de la EEA Alto Valle ante la detección de síntomas similares a los descriptos.

En este sentido, Tudela destacó que la recolección sistemática de datos y muestras resulta fundamental para ampliar rápidamente el conocimiento sobre la enfermedad y brindar respuestas a los productores de la región.

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