El negocio de la yerba mate atraviesa una etapa de cambios profundos con indicadores que avanzan en direcciones distintas. Mientras el consumo interno y las exportaciones muestran señales de crecimiento, en el eslabón productivo crece la preocupación por la perdida de rentabilidad y el deterioro de los ingresos.
En el último año, la demanda local volvió a expandirse y se ubicó por encima de los 260 millones de kilos, al mismo tiempo que las ventas al exterior alcanzaron niveles récord, con casi 58 millones de kilos despachados. Este doble impulso se da en un escenario marcado por la desregulación del mercado, que modificó las reglas de juego en toda la cadena.
El nuevo esquema eliminó la fijación de precios y redujo la intervención estatal, trasladando la negociación directamente a los actores privados. Este cambio impactó de lleno en la formación de valores y en la dinámica comercial, con un mercado más competitivo y mayor diversidad de ofertas en góndola.
Desde el sector destacan que esta mayor competencia tuvo efectos visibles en el consumo. La caída de los precios en términos reales mejoró el acceso del producto y permitió sostener la demanda incluso en un contexto económico complejo. A la par, la apertura del mercado favoreció la expansión internacional, con nuevos destinos y una consolidación en plazas tradicionales.
Sin embargo, este reordenamiento también dejó al descubierto tensiones internas. En el primer eslabón de la cadena, los productores advierten que los precios que reciben por la hoja verde no acompañan el aumento de los costos, lo que genera un fuerte ajuste en los márgenes.
Actualmente, el ingreso en origen muestra un retroceso en términos reales y una menor participación dentro del precio final del producto. Esto implica que, aunque el negocio crece en volumen, la mejora no llega de manera proporcional a quienes producen la materia prima.
El problema se profundiza en un contexto de costos en alza, que incluyen mano de obra, logística e insumos. Con precios que no logran seguir ese ritmo, la ecuación económica se vuelve cada vez más ajustada para muchas explotaciones, especialmente las de menor escala.
En contraste, la cadena industrial y comercial se beneficia de un mercado más dinámico, con mayor competencia entre marcas y nuevas estrategias para captar consumidores. La diversificación también empieza a ganar terreno, con formatos como bebidas listas para consumir, tereré y productos asociados a tendencias saludables.
En el plano productivo, no se registran caídas abruptas. La oferta se mantiene en niveles elevados y permite abastecer tanto al mercado interno como al externo. Este equilibrio entre producción y demanda es uno de los pilares que sostiene la actividad, aunque no alcanza para disipar las preocupaciones en el sector primario.
El escenario actual deja en evidencia un punto clave: el crecimiento del mercado no garantiza una distribución equitativa de los ingresos. Mientras el consumo se expande y las exportaciones ganan protagonismo, el desafío pasa por recomponer la rentabilidad del productor para asegurar la sustentabilidad de toda la cadena.
Con una demanda firme y oportunidades de expansión internacional, la yerba mate mantiene un potencial significativo. Pero el rumbo del sector dependerá, en gran medida, de cómo se resuelvan las tensiones internas que dejó al descubierto el nuevo esquema de funcionamiento.




