Argentina pierde seis kilos de fósforo por año por hectárea producida

Casi un siglo de agricultura extractiva después, el mapa cambió por completo. Hoy, gran parte de la zona núcleo productiva se encuentra por debajo del umbral crítico de 15 ppm, con regiones críticas que ya perforaron las 10 ppm.

Es un dato alarmante y totalmente real. Esa cifra fue uno de los ejes centrales de discusión en los últimos paneles técnicos del Simposio Fertilidad. Refleja una realidad silenciosa de la agricultura argentina: estamos «minando» el suelo, exportando nutrientes que no se están reponiendo.

Ese balance negativo de 6 kilos de fósforo ($P$) neto por hectárea al año equivale a una pérdida total a nivel nacional de casi 200.000 toneladas anuales.

¿Por qué se da este déficit?

El problema no es que el fósforo se evapore o se lave con las lluvias (el fósforo tiene bajísima movilidad y no se lixivia como el nitrógeno). El problema es puramente matemático: la tasa de extracción es mayor que la tasa de reposición.

  • Bajos niveles de reposición: En promedio, la agricultura argentina devuelve al suelo apenas el 53% del fósforo que se lleva en los granos cosechados. El otro 47% es un stock nativo del suelo que se agota.
  • La falencia en la soja: Históricamente, existe el mito de que «la soja no necesita fertilizante». Al ser el cultivo con mayor superficie, su falta de fertilización fosfatada es la que más empuja el balance hacia el rojo.
  • Exportación «oculta»: Cada barco que sale de los puertos cargado de granos se lleva toneladas de nutrientes que compramos y pagamos de forma invisible con la pérdida de fertilidad de los campos.

Las consecuencias de mediano y largo plazo

El fósforo es el «combustible» para el desarrollo de las raíces y la transferencia de energía celular en las plantas. Trabajar en niveles de deficiencia genera un impacto directo:

  • Pérdida de eficiencia hídrica: Un cultivo con poco fósforo desarrolla menos raíces. Si viene un año seco o con lluvias erráticas (incluso bajo un escenario de El Niño), la planta no puede explorar las capas profundas del suelo para buscar agua.
  • Menor respuesta a otros nutrientes: Podés aplicar todo el nitrógeno ($N$) o azufre ($S$) que quieras, pero si el fósforo es limitante, el rendimiento no va a subir (Ley del Mínimo de Liebig).
  • Caída del valor de la tierra: Un suelo degradado químicamente reduce su potencial de rendimiento histórico, lo que impacta en el valor real del lote.

¿Cómo revertir la tendencia?

Los especialistas de entidades como la FAUBA, el INTA y la Asociación Fertilizar insisten en cambiar la estrategia aplicando el enfoque de las 4R del manejo de nutrientes:

  1. Dosis correcta: Basada en análisis de suelo actualizados (y no en recetas fijas).
  2. Fuente correcta: Evaluar opciones tradicionales (SFT, DAP, MAP) o la incorporación de fertilizantes biológicos y fuentes recicladas.
  3. Momento correcto: Asegurar la disponibilidad del nutriente desde el arranque del ciclo.
  4. Forma correcta: Colocarlo cerca de la línea de siembra para facilitar la captura de la raíz.

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Vale destacar que el fósforo es retenido por el suelo, lo que lo convierte en un nutriente relativamente fácil de manejar si se aplican las técnicas correctas. Destacó que las prácticas de fertilización fosforada en la Región Pampeana están a la par o son incluso mejores que las de países competidores.

Por su parte, hace un tiempo, Fernando García, consultor y docente de la FCA Balcarce UNMDP, propuso estrategias de manejo del fósforo basadas en los 4R: dosis, aplicación, forma y momentos correctos. Subrayó la importancia de realizar buenos muestreos de suelo y de aplicar fertilizantes de forma adecuada para mejorar la disponibilidad del fósforo en los cultivos.

Fuente: Cadena 3

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