La construcción en Argentina atraviesa un período prolongado de estancamiento que ya suma más de un año sin señales claras de recuperación. En ese contexto, la demanda de insumos acumuló una caída del 22% en los últimos dos años, reflejando la debilidad de una actividad que sigue condicionada por los costos, el financiamiento y la falta de impulso en la obra pública.
Los datos más recientes muestran que el nivel de actividad continúa con movimientos erráticos, sin lograr consolidar una tendencia de crecimiento. En febrero, la demanda de materiales volvió a retroceder en términos mensuales y también mostró una leve baja en la comparación interanual, confirmando que el sector sigue sin encontrar un piso firme.
El freno es generalizado, aunque con distintos matices según el tipo de obra. Los insumos vinculados a las primeras etapas constructivas muestran una leve retracción, mientras que los destinados a terminaciones y refacciones registran caídas más marcadas. En tanto, el segmento más golpeado continúa siendo el de obra pública, donde la demanda se desplomó con fuerza, especialmente en materiales como el asfalto.
Uno de los factores centrales detrás de este escenario es el encarecimiento de los costos en dólares. La apreciación cambiaria de los últimos meses elevó significativamente el costo de construir medido en moneda dura, lo que impacta directamente en la rentabilidad de los desarrollos. En lo que va del año, el costo de la construcción subió con fuerza en dólares y acumula un incremento muy elevado desde fines de 2023.
Este fenómeno genera un doble efecto. Por un lado, desalienta nuevos proyectos debido a la presión sobre los márgenes. Por otro, complica el acceso a la vivienda, ya que el valor de las propiedades queda desfasado respecto a la capacidad de compra, en un contexto donde los ingresos no acompañan esa dinámica.
A este cuadro se suma la debilidad del crédito hipotecario, que aún no logra consolidarse como motor de reactivación. Si bien el sistema financiero muestra señales de movimiento, los niveles de otorgamiento continúan por debajo de los del año pasado. En el primer trimestre, la cantidad de préstamos cayó y el volumen total de financiamiento también se redujo, lo que limita la posibilidad de dinamizar la demanda.
Sin embargo, hacia adelante aparece una variable que el sector sigue de cerca: la baja de tasas de interés. En las últimas semanas, varios bancos comenzaron a reducir el costo del crédito, lo que podría mejorar las condiciones de acceso y generar un leve repunte en la actividad durante la segunda mitad del año.
Aun así, las proyecciones son moderadas. El sector espera una mejora respecto al primer semestre, pero sin recuperar los niveles de dinamismo que se habían observado en años anteriores. La combinación de costos elevados, financiamiento limitado y menor inversión pública sigue marcando el ritmo de una actividad que, por ahora, continúa estancada.
El desafío será reactivar la demanda en un contexto macroeconómico todavía inestable. Sin un cambio en esas variables, la construcción seguirá operando con bajo nivel de actividad y lejos de su potencial como motor de crecimiento.




