Ensayos realizados durante ocho campañas consecutivas en el centro de Córdoba muestran que el uso planificado de efluentes porcinos no solo mejora las condiciones del suelo, sino que también permite incrementos de rendimiento en soja de hasta 1.900 kilos por hectárea, consolidándose como una práctica con impacto productivo y ambiental.
El trabajo, desarrollado por el INTA junto con la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, evaluó el uso de efluentes porcinos como enmienda orgánica en sistemas agrícolas bajo riego, comparando parcelas tratadas con otras sin aplicaciones. Los resultados acumulados confirman respuestas positivas y sostenidas a lo largo del tiempo, tanto en producción como en calidad del suelo.
En términos productivos, los rindes de soja pasaron de 2.646 kg/Ha en los lotes testigo a un máximo de 4.574 kg/Ha cuando se combinó efluente porcino con fósforo mineral. Incluso sin fertilización adicional, las aplicaciones generaron aumentos superiores a los 1.000 kg/Ha, evidenciando un efecto directo y consistente sobre el cultivo.
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Más allá del rendimiento, el seguimiento de largo plazo permitió registrar mejoras estructurales en el suelo, con un aumento cercano a un punto porcentual en el contenido de materia orgánica, además de incrementos significativos en fósforo y zinc, claves para la nutrición vegetal. También se observaron mejoras físicas, como menor densidad aparente, mayor estabilidad de agregados y menor resistencia a la penetración.
Según los investigadores, el aporte de efluentes porcinos va más allá de una fertilización puntual. Se trata de una práctica integral, que combina nutrición, mejora física y recuperación biológica del suelo, y que abre una alternativa concreta para sistemas agrícolas que buscan sostener productividad y salud del suelo en el largo plazo.




