La administración nacional apunta a sostener la desaceleración de los precios como uno de sus principales objetivos de cara al año electoral. Septiembre cerraría con una inflación inferior al 2%, aunque por encima del 1,7% de agosto, mientras las expectativas del mercado ubican el dato anual de 2027 cerca del 20%.
El proceso de desinflación continúa ocupando un lugar central en la estrategia económica del Gobierno. Para 2027, la expectativa oficial es llegar a las elecciones con una inflación significativamente menor a la actual y con el tipo de cambio bajo control.
Septiembre, sin embargo, habría marcado una pausa en la velocidad de esa desaceleración. Las estimaciones privadas anticipan que el índice se mantendría por debajo del 2% mensual, aunque sin conseguir superar el registro de agosto, cuando la inflación fue del 1,7%, el nivel más bajo de los últimos 14 meses.
Los alimentos volvieron a presionar
Uno de los principales factores detrás de esta moderación en la baja fue la evolución de los alimentos. Aunque septiembre presenta una estacionalidad relativamente baja, este rubro ganó velocidad y, por su peso dentro del IPC, dificultó una nueva reducción del índice general.
También la inflación mayorista había mostrado una aceleración durante agosto, impulsada principalmente por el incremento del precio del petróleo, lo que agregó presión sobre los costos que posteriormente pueden trasladarse al consumidor.
En el caso de los combustibles, la decisión de YPF de mantener sin cambios los precios en los surtidores contribuyó a contener el índice durante septiembre. Sin embargo, el escenario podría modificarse en octubre si el petróleo continúa con valores elevados.
El mercado espera una inflación del 20% para 2027
Si la inflación mensual logra mantenerse por debajo del 2%, el año podría terminar con un incremento de precios cercano al 30%, ligeramente por debajo del 31,5% registrado el año anterior.
La desaceleración sería más marcada durante 2027. Según los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la inflación anual del próximo año se ubicaría alrededor del 20%.
Ese escenario resulta especialmente relevante para el Gobierno porque coincide con el año electoral y con su objetivo de sostener una trayectoria descendente de la inflación.
El equipo económico también apunta a mantener bajo control la cantidad de pesos en circulación y evitar una expansión monetaria que pueda trasladarse al mercado cambiario.
Luis Caputo sostuvo que la base monetaria continuará controlada y planteó que no debería quedar un exceso de pesos que pueda dirigirse hacia la compra de dólares.
La estrategia busca sostener la estabilidad cambiaria y, al mismo tiempo, acompañar la reducción gradual de la inflación. En ese marco, el Gobierno descartó utilizar una mayor emisión monetaria como herramienta para impulsar la actividad, ante el riesgo de que esos pesos terminen presionando sobre el dólar.
El Gobierno sostiene que tiene respaldo para enfrentar una corrida
El ministro de Economía afirmó que el Gobierno cuenta con recursos potenciales para responder ante una eventual mayor demanda de dólares.
Según su estimación, dispone de unos USD 75.000 millones potenciales, contemplando USD 40.000 millones correspondientes a swaps con Estados Unidos y China y otros USD 15.000 millones para operar en el mercado de futuros.
A ese respaldo, Caputo sumó las compras de dólares realizadas por el Banco Central durante 2026, que estimó en torno a USD 20.000 millones. Hasta el momento, las adquisiciones acumuladas alcanzaban unos USD 14.500 millones.
El dólar mayorista cerró septiembre en $1.517
Durante septiembre, el Banco Central redujo el ritmo de compras para evitar una mayor presión sobre el tipo de cambio, aunque igualmente cerró el mes con un saldo positivo cercano a USD 470 millones.
Los dólares financieros también moderaron sus valores y redujeron la brecha con el tipo de cambio oficial. A esto se sumó una mayor estabilidad del riesgo país, ubicado en torno a los 607 puntos, y una jornada favorable para los mercados de Wall Street.
El escenario de cara a 2027 queda así marcado por dos objetivos centrales para la política económica: sostener la desaceleración de la inflación y evitar que el mercado cambiario vuelva a convertirse en una fuente de presión sobre los precios.




