El río atmosférico húmedo y su estrecha relación con el fenomeno de El Niño

Los ríos atmosféricos constituyen uno de los fenómenos meteorológicos más importantes para el transporte de humedad a escala planetaria. Se trata de extensos corredores de vapor de agua que se desplazan por la atmósfera.

Cuando se desarrolla un evento de El Niño, las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial registran temperaturas superiores a los valores normales, generando importantes cambios en la circulación atmosférica a escala regional y global. Este calentamiento incrementa la evaporación oceánica y favorece la acumulación de grandes volúmenes de vapor de agua en la atmósfera, creando condiciones propicias para la formación y fortalecimiento de los llamados ríos atmosféricos.

Como consecuencia, la atmósfera dispone de una mayor cantidad de humedad para transportar desde las regiones tropicales hacia latitudes medias. Bajo estas condiciones, los ríos atmosféricos pueden alcanzar una mayor intensidad y persistencia, transportando enormes volúmenes de vapor de agua a lo largo de miles de kilómetros sobre el océano Pacífico hasta impactar sobre las costas de Chile.

Por este motivo, durante períodos influenciados por El Niño, existe una mayor probabilidad de que estos sistemas sean más frecuentes, más extensos y más eficientes en la generación de precipitaciones, aumentando significativamente el riesgo de lluvias abundantes, temporales prolongados e incluso eventos hidrometeorológicos extremos en diversas regiones del centro y sur de Chile.

Al encontrarse con la barrera natural de la cordillera de los Andes, toda esa humedad es forzada a ascender, enfriarse y condensarse, produciendo precipitaciones intensas en forma de lluvia sobre los valles y zonas costeras chilenas, y abundantes nevadas en los sectores cordilleranos de Chile y Argentina. Este proceso resulta fundamental para la recarga de glaciares, embalses y cuencas hidrográficas que abastecen de agua a millones de personas y sostienen importantes actividades productivas.

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Como conclusión, un río atmosférico puede definirse como una auténtica “autopista de humedad” en la atmósfera, capaz de transportar cantidades extraordinarias de vapor de agua desde los trópicos hacia el sur de Sudamérica. Su importancia radica en que constituye uno de los principales mecanismos de aporte de precipitaciones para la costa occidental del continente y para las regiones cordilleranas.

Cuando estos sistemas impactan sobre el centro de Chile, pueden generar lluvias extraordinarias, persistentes y de gran intensidad, con potencial para provocar inundaciones, crecidas de ríos y afectaciones en áreas urbanas y rurales. Por su parte, en la región de Cuyo y especialmente en Mendoza, sus efectos suelen manifestarse a través de nevadas significativas en la alta montaña, acumulación de nieve en las cuencas andinas y una valiosa recarga de las reservas hídricas que alimentan los ríos durante la temporada de deshielo.

En los eventos más intensos, parte de la perturbación asociada puede extender sus efectos hacia el lado argentino de la cordillera, favoreciendo la ocurrencia de lluvias, nevadas y episodios de vientos fuertes en sectores precordilleranos y cordilleranos. Por ello, el monitoreo de los ríos atmosféricos resulta fundamental para anticipar impactos meteorológicos, hidrológicos y productivos en ambos lados de los Andes.

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El río atmosférico húmedo y su estrecha relación con el fenómeno de El Niño

Los ríos atmosféricos son extensas franjas de humedad que se desplazan por la atmósfera transportando enormes cantidades de vapor de agua desde las regiones tropicales hacia latitudes medias. Debido a su capacidad para movilizar grandes volúmenes de humedad a lo largo de miles de kilómetros, estos sistemas son considerados verdaderas “autopistas de humedad”, capaces de influir significativamente en los patrones de precipitación de amplias regiones.

Su importancia adquiere una dimensión aún mayor cuando coinciden con la presencia del fenómeno El Niño, una fase cálida del sistema climático del Pacífico ecuatorial caracterizada por temperaturas oceánicas superiores a los valores normales. Este calentamiento de las aguas superficiales incrementa la evaporación y favorece la transferencia de humedad desde el océano hacia la atmósfera, generando un ambiente más propicio para la formación y fortalecimiento de los ríos atmosféricos.

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La relación entre ambos fenómenos es directa y altamente significativa. Durante episodios de El Niño, la atmósfera contiene una mayor cantidad de vapor de agua disponible para ser transportado por los sistemas meteorológicos que avanzan desde el Pacífico hacia Sudamérica. Como resultado, los ríos atmosféricos pueden presentar una mayor intensidad, duración y capacidad de producir precipitaciones abundantes.

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