Entre la mejora y la cautela: cómo recibe el agro la baja de retenciones para la campaña fina

La baja de retenciones anunciada por el Gobierno para trigo y cebada abrió un nuevo escenario para la campaña fina, justo en el momento en que los productores comienzan a definir la siembra.

Aunque en el sector reconocen que la medida mejora los márgenes y aporta previsibilidad, también advierten que el fuerte aumento de costos —especialmente en fertilizantes— sigue condicionando las decisiones productivas de cara al nuevo ciclo agrícola.

El presidente Javier Milei confirmó que desde junio los derechos de exportación para trigo y cebada bajarán del 7,5% al 5,5%, mientras que también se estableció un esquema gradual de reducción para la soja. Posteriormente se conoció que el alivio fiscal alcanzará además al maíz, el sorgo y el girasol.

La decisión llegó en plena ventana de siembra y fue interpretada por gran parte del sector como una señal positiva después de meses marcados por la incertidumbre y el deterioro de rentabilidad. Sin embargo, en distintas regiones agrícolas remarcan que la mejora no alcanza por sí sola para generar un salto fuerte en el área sembrada.

Uno de los principales factores que sigue pesando sobre la campaña es el encarecimiento de los insumos. El impacto internacional derivado de la guerra en Medio Oriente provocó fuertes subas en fertilizantes, combustibles y logística, elevando significativamente los costos de implantación.

Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la reducción de retenciones mejora la capacidad de pago del trigo entre un 2,2% y un 2,3%, lo que representa una mejora cercana a los cinco dólares por tonelada en el valor teórico que puede ofrecer el mercado.

En paralelo, el presidente de CIARA-CEC, Gustavo Idígoras, consideró que la medida representa “una clara señal de la decisión del Gobierno de ir cumpliendo con su objetivo de bajar paulatina y progresivamente los derechos de exportación”. Además, destacó la publicación de un cronograma de reducción de retenciones como un elemento que “disipa incertidumbre” para productores, exportadores y el mercado de granos en general.

Aun así, en muchas zonas agrícolas los números continúan ajustados. Informes técnicos de la Bolsa rosarina muestran que fertilizantes y fletes ya representan más de la mitad de los costos de producción en un planteo modelo de trigo ubicado a 150 kilómetros del puerto de Rosario.

Con esa estructura de gastos, la rentabilidad todavía aparece comprometida, especialmente para quienes producen sobre campos alquilados. En varios casos, los márgenes continúan en terreno negativo pese a la mejora tributaria.

La campaña fina ya comenzó en distintas regiones del país. Según datos de la Secretaría de Agricultura, la siembra de trigo avanzaba sobre el 3% del área prevista hacia fines de mayo, mientras que la cebada alcanzaba un 6%.

En el caso del trigo, el norte argentino y Entre Ríos aparecen entre las zonas más adelantadas en las labores, mientras que en cebada la mayor concentración productiva continúa en la provincia de Buenos Aires.

El trasfondo fiscal también explica el alcance moderado de la medida. Distintos informes privados estiman que la reducción de retenciones tendrá un costo relativamente acotado para el Estado debido a que gran parte de la cosecha ya fue comercializada.

La Bolsa de Comercio de Rosario calculó que el impacto fiscal inmediato rondaría los USD 29 millones, mientras que estudios de Fundación Mediterránea proyectan una menor recaudación anual de entre USD 390 y USD 690 millones hacia 2027.

En paralelo, el Gobierno vinculó el anuncio con el buen desempeño de la actual campaña agrícola. Según datos oficiales, los seis principales cultivos del país alcanzarían una producción total de 163,2 millones de toneladas, más de un 21% por encima del ciclo anterior.

Dentro de ese escenario, el trigo registró una cosecha récord cercana a los 28 millones de toneladas, mientras que el maíz alcanzó su mayor volumen en dos décadas.

En el sector agroindustrial entienden que la baja de retenciones puede transformarse en un incentivo importante si se sostiene en el tiempo y se acompaña con estabilidad macroeconómica. No obstante, también remarcan que el verdadero desafío sigue siendo mejorar la competitividad estructural frente a un escenario internacional volátil y costos internos todavía elevados.

Compartir en