Fuerte caída en soja: la cosecha sería casi la mitad de la campaña pasada

La campaña de soja en la región atraviesa un escenario complejo y ya se perfila como una de las más flojas de los últimos años. Las últimas estimaciones anticipan una fuerte caída productiva, con volúmenes que se ubicarían cerca de la mitad de lo obtenido en 2025, lo que enciende alertas en toda la cadena agroindustrial.

De acuerdo con el USDA, la producción se ubicaría en torno a 2 millones de toneladas, muy por debajo de los casi 4 millones alcanzados en la campaña anterior. Las proyecciones privadas van en la misma línea e incluso ajustan esos números a un rango de entre 1,7 y 1,9 millones de toneladas, consolidando un escenario de fuerte retroceso.

El golpe no solo se mide en volumen, sino también en ingresos. Se espera que las exportaciones caigan de manera significativa respecto al ciclo previo, reflejando el impacto directo de la menor producción sobre la generación de divisas.

Detrás de este resultado aparece una combinación de factores que complicaron el desarrollo del cultivo. Por un lado, la campaña estuvo atravesada por una marcada variabilidad en los rindes, con lotes muy desparejos y productividades muy por debajo de lo habitual. En varias zonas, los rendimientos quedaron lejos de los promedios históricos, evidenciando un deterioro generalizado en el potencial productivo.

A esto se sumó el impacto climático. La sequía, inicialmente asociada al fenómeno de La Niña, se extendió más de lo previsto y terminó afectando de manera más profunda al cultivo. Incluso, factores atmosféricos adicionales prolongaron el período seco y agravaron las condiciones en momentos clave del desarrollo de la soja.

Cuando el escenario parecía estabilizarse, las lluvias cambiaron el panorama y sumaron nuevos problemas. Abril se volvió un mes especialmente húmedo, con precipitaciones intensas en distintas regiones productivas que frenaron el avance de la cosecha y complicaron la logística.

En zonas del centro y norte del país, los excesos hídricos dejaron caminos rurales intransitables y paralizaron la trilla en plena etapa inicial. Este freno no solo retrasa el ingreso de la cosecha, sino que también aumenta el riesgo de pérdidas de calidad en los granos, en un contexto donde cada tonelada resulta clave.

Así, entre rindes bajos, clima adverso y demoras en la recolección, la campaña de soja se encamina a cerrar con números muy por debajo de lo esperado. El impacto ya se proyecta sobre el conjunto del agro, en un año donde la producción vuelve a quedar condicionada por factores climáticos y logísticos que golpean de lleno en la rentabilidad del sector.

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