La inflación volvió a dar señales de alivio en abril, aunque el escenario hacia adelante sigue condicionado por factores externos y ajustes internos que podrían frenar la desaceleración.
De acuerdo con estimaciones privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría mostrado una suba en torno al 2,4% durante el cuarto mes del año, por debajo del 3,4% registrado en marzo. El dato, de confirmarse, marcaría una continuidad en el proceso de desinflación que busca consolidar el Gobierno, aunque con matices hacia los próximos meses.
Las consultoras coinciden en que la moderación inflacionaria se apoyó en una menor presión de algunos rubros clave, como educación —que suele impactar con fuerza en marzo— y una desaceleración parcial en alimentos. Sin embargo, este último componente, el de mayor peso en el índice, mostró cierta resistencia a la baja sobre el cierre del mes.
Relevamientos semanales detectaron aumentos en alimentos y bebidas que fueron ganando intensidad hacia fines de abril, con subas impulsadas principalmente por lácteos, carnes y bebidas. En paralelo, algunos segmentos como panificados, frutas y verduras ayudaron a contener el promedio general.
En términos generales, la dinámica de precios mostró una desaceleración, pero con una dispersión todavía elevada entre productos, lo que refleja que el proceso sigue siendo heterogéneo.
Señales mixtas dentro del índice
Otros rubros también aportaron a moderar el índice. En servicios públicos, la menor presión de tarifas de gas y electricidad permitió contener el impacto en vivienda, mientras que educación dejó atrás el pico estacional.
No ocurrió lo mismo con el transporte, que registró incrementos en torno al 4%, impulsados por subas en combustibles y ajustes que arrastraban aumentos previos. También se observaron subas por encima del promedio en indumentaria, en línea con el cambio de temporada.
En este contexto, algunas mediciones privadas ubican la inflación interanual levemente por debajo del mes anterior, consolidando una tendencia descendente, aunque todavía en niveles elevados.
El frente externo complica el panorama
Más allá del dato de abril, las perspectivas para mayo aparecen más desafiantes. Uno de los factores que genera preocupación es el impacto internacional derivado de la guerra en Medio Oriente, que ya está encareciendo los costos energéticos.
Según estimaciones del sector energético, las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) y gasoil podrían aumentar hasta un 30% durante el invierno, lo que presiona sobre los costos de abastecimiento. Aunque el peso del gas importado en la matriz local es limitado, el efecto se suma a otros ajustes en marcha.
A esto se agregan aumentos ya vigentes en mayo en transporte público, peajes y tarifas de gas, que podrían trasladarse parcialmente a los precios y frenar la desaceleración.
Un proceso que sigue en construcción
El escenario actual muestra un proceso de desinflación en marcha, pero aún frágil. Mientras algunos componentes del índice comienzan a moderarse, otros —como alimentos y regulados— mantienen presión.
Las consultoras advierten que el resultado de abril podría ser un piso temporal si se consolidan los aumentos vinculados a energía y transporte. En ese marco, el comportamiento de los precios en los próximos meses dependerá tanto de la evolución del contexto internacional como de las decisiones de política económica a nivel local.
Por ahora, el dato de abril aparece como una señal positiva, aunque lejos de garantizar una tendencia sostenida sin sobresaltos.




