No muchos saben que en el noreste de Santa Fe, a unas cuatro o cinco horas de la capital, hay casi medio millón de hectáreas de humedal. Se llama Jaaukanigás. El nombre viene de la lengua de los abipones, el pueblo originario que habitó la región hace más de 6.000 años, y significa «gente del agua». Tiene sentido. El lugar entero vive al ritmo del Paraná, expandiéndose y contrayéndose con sus crecientes y bajantes, generando un mosaico de riachos, lagunas, esteros, selvas y playas de arena que cambia según la estación.
Jaaukanigás fue declarado Sitio Ramsar en octubre de 2001, lo que lo convierte en un humedal de importancia internacional reconocido por una convención que protege ecosistemas acuáticos en todo el mundo. No es un parque nacional, todavía, aunque hay organizaciones trabajando para lograrlo. Lo que nadie puede negar es que es uno de los sitios con mayor biodiversidad de la Argentina. Si pensás en ir, acá podés ver opciones de pasajes a Santa Fe.
En su ecosistema conviven 350 especies de aves, 78 de mamíferos, 59 de reptiles y más de 300 de peces. Algunos de esos animales están en peligro de extinción. El ciervo de los pantanos, el aguará guazú, el lobito de río son ejemplos de esas especies. Entre la fauna también encontrás monos carayá, yacarés negros y overos, carpinchos, biguás y garzas.
Las puertas de entrada al humedal son varias. Reconquista y Villa Ocampo son las más conocidas. Desde el Puerto de Reconquista salen lanchas y kayaks hacia las islas, donde se puede hacer senderismo y safaris fotográficos. En Villa Ocampo está el Portal del Humedal, un complejo de cabañas a orillas del Paraná Miní desde donde operan guías locales que organizan salidas embarcadas, cabalgatas y avistaje de aves.
En Avellaneda, están los palmerales de Bajo Vénica, uno de los bosques de palmeras más llamativos del sitio, con una especie que los lugareños llaman «la palmera de cuatro gajos». En San Vicente, a 12 kilómetros al este de Villa Ocampo, hay pasarelas de madera de más de mil metros de extensión construidas sobre la vegetación ribereña, con plataformas de observación donde se registraron 127 especies de aves.
El ecoturismo en Jaaukanigás cambió bastante en los últimos quince años. Antes, el producto casi exclusivo era la pesca. Hoy, hay clubes de observadores de aves, centros de interpretación, circuitos en bicicleta por caminos rurales, y una Fiesta Nacional de los Humedales que cada febrero reúne a visitantes de toda la región en Villa Ocampo. Las plazas hoteleras crecieron de 145 a más de 400 en cinco años, lo que refleja el ritmo al que está creciendo.
Los paisajes son impresionantes, pero es importante que sepas que no es un turismo simple. Los caminos de tierra pueden estar complicados según la temporada, y hay que consultar el estado del río antes de planificar cualquier excursión en barcos. Pero eso también forma parte de lo que lo hace distinto. Tenés que moverte con guías, preguntar y, como todo en ese lugar, tenés que adaptarte al ritmo y los caprichos del Paraná.




