El peso de los impuestos sobre la actividad agropecuaria continúa siendo uno de los principales desafíos para el sector.
Según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), en junio el Estado se quedó con el 61,9% de la renta generada por una hectárea agrícola, una cifra que, si bien representa una leve baja respecto del 62,5% registrado en marzo, sigue mostrando una fuerte presión tributaria.
El índice elaborado por la entidad refleja cuánto del ingreso que produce una hectárea termina destinado al pago de tributos nacionales, provinciales y municipales. Del total restante, el 29,7% corresponde al costo del alquiler de la tierra y apenas el 8,5% queda como rentabilidad para el productor.
El informe señala que la evolución no fue igual para todos los cultivos. El trigo y el girasol mejoraron su situación gracias a una recuperación en los precios internacionales, mientras que el trigo también se vio favorecido por la reducción de los derechos de exportación.
En cambio, el maíz enfrentó un escenario más complejo debido al incremento de los costos de producción, especialmente por el encarecimiento de los fertilizantes y del transporte. Del total de la carga tributaria, la mayor parte corresponde a impuestos nacionales.
Según FADA:El 56,7% proviene de impuestos nacionales no coparticipables, entre ellos los derechos de exportación y el impuesto a los créditos y débitos bancarios. El 32,9% corresponde a tributos nacionales coparticipables.
Los impuestos provinciales representan el 9,3%. Los municipales explican el 1,1%.
Diferencias entre provincias
La presión fiscal también varía según la provincia donde se desarrolla la actividad. Entre los principales distritos agrícolas, los valores relevados fueron:
Entre Ríos: 65,5%.
Córdoba: 60,2%.
Buenos Aires: 59%.
La Pampa: 58,9%.
San Luis: 58,2%.
Santa Fe: 55,6%.
Además de la carga impositiva, el estudio advierte que algunos insumos clave continúan aumentando de precio. Uno de los casos más relevantes es el de la urea, fertilizante fundamental para la producción agrícola, cuyo valor se incrementó un 48% en el último año.
Como consecuencia, la relación entre producción e insumos se deterioró. Actualmente se necesitan alrededor de cuatro toneladas de maíz para adquirir una tonelada de urea, mientras que en el caso del trigo se requieren unas 3,4 toneladas. Desde FADA remarcaron que, aunque el índice mostró una leve mejora respecto de la medición anterior, la presión tributaria continúa siendo elevada y sigue condicionando la rentabilidad de la actividad agropecuaria.




