La mosca minadora barre cultivos de invierno

La colza y la carinata tienen una participación creciente en las rotaciones de invierno, por lo que la aparición de estos daños constituye una señal de alerta para los productores.

Un relevamiento del INTA detectó daños compatibles con Phytomyza rufipes en cultivos de colza y carinata de Entre Ríos, principalmente en lotes ubicados sobre la costa del río Uruguay. Aunque las características observadas coinciden con esta especie, la confirmación mediante análisis molecular aún está pendiente.

La presencia de esta posible mosca minadora o barrenadora, luego de registros en Uruguay, generó preocupación y llevó a intensificar los relevamientos en cultivos de invierno. Las observaciones muestran larvas y adultos compatibles con Phytomyza rufipes y daños concentrados principalmente en las hojas basales.

Galerías que debilitan las plantas

Las larvas se alimentan dentro de los tejidos y generan galerías en la lámina foliar, las nervaduras y los pecíolos, que en algunos casos pueden avanzar hacia los tallos. Como consecuencia, las plantas presentan amarillamiento, pérdida de tejido foliar y debilitamiento general.

El momento del ataque es clave: cuanto más joven es el cultivo cuando ocurre la infestación, mayor puede ser el impacto sobre su desarrollo y rendimiento. Además, el daño podría aumentar la vulnerabilidad de las plantas frente a las heladas durante las primeras etapas.

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Mayor presencia sobre el río Uruguay

Hasta el momento, los principales registros se concentran en lotes cercanos a la costa del río Uruguay, mientras que hacia el oeste entrerriano la presión observada sería menor. También se detectaron casos en Victoria, aunque con una incidencia inferior.

Los lotes afectados se encuentran actualmente entre floración y desarrollo de silicuas, con daños principalmente en las hojas basales y presencia de galerías en nervaduras y pecíolos.

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Sin productos registrados ni umbrales de acción

La situación representa un desafío porque no existen actualmente productos fitosanitarios registrados en Argentina específicamente para controlar esta plaga ni umbrales de acción definidos.

Por eso, los especialistas recomiendan reforzar el monitoreo desde la implantación y durante las primeras etapas vegetativas, además de utilizar trampas cromáticas adhesivas como herramienta complementaria. Las observaciones también indican que las precipitaciones abundantes podrían reducir las poblaciones larvales, debido a su efecto sobre los adultos.

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Una alerta que todavía requiere confirmación

La colza y la carinata tienen una participación creciente en las rotaciones de invierno, por lo que la aparición de estos daños constituye una señal de alerta para los productores.

Sin embargo, la especie todavía no fue confirmada molecularmente, por lo que el relevamiento debe considerarse una alerta sanitaria y una base para continuar investigando, no como una confirmación definitiva.

Mientras se aguardan los resultados, el monitoreo temprano, el diagnóstico correcto y el seguimiento de la evolución de los daños son las principales herramientas disponibles para anticiparse a posibles impactos productivos.

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