Cómo Maximizar el Rendimiento con una Estrategia Eficiente de Fertilización Nitrogenada

Los resultados del estudio refuerzan la importancia de generar recomendaciones específicas para nuevos materiales genéticos como Angirú INTA CL, permitiendo a los productores tomar decisiones basadas en evidencia científica y aprovechar al máximo el potencial de una variedad que se posiciona entre las más competitivas de la producción arrocera argentina.

Un estudio desarrollado por especialistas del INTA Corrientes y del INTA Concepción del Uruguay (Entre Ríos) confirmó que una estrategia adecuada de fertilización nitrogenada permite potenciar el rendimiento del arroz Angirú INTA CL, alcanzando techos productivos superiores a los 11.000 kilogramos por hectárea y mejorando significativamente la eficiencia en el uso del nitrógeno. Los resultados representan una herramienta de gran valor para los productores, ya que contribuyen a incrementar la rentabilidad, optimizar el uso de los insumos y reducir riesgos productivos y ambientales.

Una variedad que gana protagonismo

Angirú INTA CL se ha consolidado como una de las variedades de arroz más prometedoras del país gracias a la combinación de atributos agronómicos, industriales y culinarios. Se caracteriza por producir granos enteros más anchos y voluminosos que los de la variedad Gurí, una cualidad muy apreciada por la industria y los consumidores.

Además, cumple con los requisitos de los mercados más exigentes gracias a sus niveles de alta amilosa y baja temperatura de gelatinización, características que garantizan una cocción seca, suelta y de textura firme. A ello se suman ventajas agronómicas como su porte erecto, buena estabilidad y un índice de cosecha equilibrado de 0,5, que favorece la expresión de su potencial productivo.

Mayor eficiencia en un contexto desafiante

Para José Colazo, especialista del INTA Concepción del Uruguay, la generación de información de manejo resulta estratégica en un escenario marcado por precios internacionales deprimidos y elevados costos de producción.

“Es fundamental brindar al productor herramientas concretas que le permitan mejorar la eficiencia del cultivo y alcanzar una mayor rentabilidad”, señaló el investigador.

Con este objetivo, los ensayos evaluaron diferentes dosis de fertilización nitrogenada para determinar cuál permite maximizar el rendimiento y la eficiencia de uso de uno de los nutrientes más determinantes para el cultivo del arroz.

El nitrógeno: de decisión agronómica a necesidad económica

La investigadora del INTA Corrientes, Luciana Herber, destacó que la nutrición nitrogenada se ha convertido en un factor decisivo para la sustentabilidad económica de los sistemas arroceros.

Ajustar la fertilización nitrogenada dejó de ser una simple decisión biológica para convertirse en un verdadero imperativo económico”, afirmó.

Según explicó, el éxito radica en lograr una sincronización precisa entre la disponibilidad de nutrientes y los momentos de máxima demanda fisiológica del cultivo. En otras palabras, el nitrógeno debe estar disponible cuando la planta define los componentes que determinarán el rendimiento final.

La especialista agregó que una correcta estrategia de fertilización permite además reducir pérdidas por volatilización y desnitrificación, fenómenos frecuentes en sistemas arroceros inundados, aumentando la eficiencia del fertilizante aplicado.

Cada kilogramo de nitrógeno debe transformarse efectivamente en grano para proteger el margen económico del productor, evitando aplicaciones excesivas que no generan beneficios adicionales y contribuyendo a preservar la fertilidad del suelo”, sostuvo.

Información estratégica para una variedad en expansión

Los investigadores destacaron que este trabajo aporta conocimiento clave para el manejo de Angirú INTA CL, una variedad relativamente nueva dentro del sector productivo pero que viene mostrando una rápida expansión.

“Es un material que apenas lleva dos campañas en producción comercial y cuya superficie sembrada continúa creciendo. Los productores todavía están conociendo su comportamiento y este estudio brinda información concreta para mejorar las decisiones de manejo”, explicó Colazo.

El especialista recordó además que Angirú INTA CL fue la variedad de mayor rendimiento agrícola en Entre Ríos durante cuatro campañas consecutivas, una performance que ha impulsado su adopción en distintas regiones arroceras.

Debido a las características de su ciclo y a su comportamiento agronómico, los técnicos recomiendan realizar la siembra durante la primera quincena de octubre, período que permite aprovechar mejor su potencial productivo.

La dosis óptima para maximizar el rendimiento

Uno de los resultados más relevantes de la investigación fue la determinación de una recomendación concreta para el manejo nutricional de esta variedad.

Los ensayos identificaron que una dosis de 250 kilogramos de urea por hectárea, equivalente a aproximadamente 115 kilogramos de nitrógeno, constituye el nivel óptimo para combinar altos rendimientos con una elevada eficiencia en el uso del nutriente.

De acuerdo con Herber, esta estrategia permite alcanzar rendimientos superiores a los 11.000 kilogramos por hectárea en condiciones favorables, junto con una eficiencia cercana a 17 kilogramos de grano por cada kilogramo de nitrógeno aplicado.

Otro aspecto destacado es que la aplicación total de la dosis al voleo sobre suelo seco antes del inicio del riego ofrece ventajas tanto operativas como agronómicas.

“Esta práctica permite cubrir los requerimientos nutricionales del cultivo durante todo el ciclo y, al mismo tiempo, facilita la aplicación terrestre con maquinaria propia del establecimiento”, explicó la investigadora.

Los riesgos de fertilizar por debajo o por encima de lo necesario

Los especialistas remarcaron que tanto la falta como el exceso de nitrógeno generan consecuencias negativas sobre la productividad y la rentabilidad del sistema.

Por un lado, la sub-fertilización limita el rendimiento potencial del cultivo y dificulta la reposición de nutrientes extraídos del lote.

Aplicar menos nitrógeno del necesario implica resignar producción y comprometer la fertilidad futura del suelo”, resumió Colazo.

Por otro lado, una fertilización excesiva puede favorecer la aparición de enfermedades, incrementar el riesgo de vuelco de las plantas y elevar innecesariamente los costos de producción.

Herber señaló que una nutrición insuficiente puede ocasionar pérdidas de rendimiento superiores al 20 %, mientras que el exceso de nitrógeno reduce la eficiencia del fertilizante y promueve un crecimiento vegetativo excesivo.

Esta situación genera mayor sombreado entre hojas, disminuye la eficiencia fotosintética, altera el índice de cosecha y, en algunos casos, retrasa la maduración del cultivo.

Manejo integral para alcanzar el máximo potencial

Finalmente, los investigadores coincidieron en que la fertilización, aunque fundamental, es solo uno de los componentes que determinan el éxito productivo.

Los mayores rendimientos se logran cuando la nutrición se integra a un manejo agronómico completo y planificado”, enfatizó Colazo.

Entre las prácticas que contribuyen a maximizar la productividad mencionó la rotación con otros cultivos, la preparación anticipada del lote, la elección de la fecha de siembra adecuada, el uso de semilla certificada y una nutrición balanceada ajustada a las necesidades de cada variedad.

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