La comercialización de soja, que avanzó a un ritmo más lento de lo habitual durante la primera mitad del año, podría transformarse en uno de los principales impulsores de la economía en los próximos meses.
De concretarse un mayor volumen de ventas, ingresarían más dólares por exportaciones y el Banco Central tendría mayores posibilidades de fortalecer sus reservas.
Un informe de la Fundación Mediterránea señala que, al 15 de julio, los productores habían vendido con precio cerrado 58,2 millones de toneladas de soja, maíz y trigo de la campaña 2025/26. Aunque el volumen total se ubicó entre los más altos de los últimos años, el comportamiento fue muy diferente según el cultivo.
Mientras el maíz y el trigo mostraron niveles de comercialización superiores a los promedios históricos, la soja quedó rezagada. Apenas se habían vendido 14,6 millones de toneladas, uno de los registros más bajos de los últimos 16 años para esta época.
El informe explica que muchos productores pudieron cubrir sus necesidades financieras con las ventas de maíz y trigo, lo que les permitió conservar la soja a la espera de mejores condiciones de mercado. A eso se sumaron las expectativas sobre futuras reducciones de retenciones y la posibilidad de obtener mejores precios hacia fin de año.
Para los especialistas, esa estrategia no representa una anomalía, sino una decisión comercial basada en la evolución de los precios, la carga tributaria y las necesidades de liquidez de cada establecimiento.
De cara al segundo semestre, el potencial es importante. Según las estimaciones de la Fundación Mediterránea, las ventas de soja podrían generar entre USD 11.500 millones y USD 15.300 millones de ingresos para los productores y un valor exportable de hasta USD 18.380 millones. Si la comercialización se acerca a los niveles históricos, podrían sumarse casi USD 3.000 millones adicionales en exportaciones.
Ese mayor flujo de divisas también tendría impacto sobre la actividad económica, al dinamizar el transporte, el acopio, la industria aceitera y otros servicios vinculados a la cadena agroindustrial. Al mismo tiempo, contribuiría a incrementar la oferta de dólares en el mercado cambiario y facilitaría la acumulación de reservas por parte del Banco Central.
En un contexto en el que la actividad económica mostró señales de desaceleración durante el segundo trimestre, el ritmo que adopten las ventas de soja aparece como uno de los factores que podrían aportar un nuevo impulso a la economía durante la segunda mitad del año.




