Chicharrita se vuelve resistente al clima invernal y reaviva la preocupación en el norte argentino, donde crece la alerta para la próxima campaña del maíz. Los productores en alerta.
La cosecha de maíz avanza durante julio en gran parte del país, pero en las provincias del norte argentino reaparece una preocupación que había encendido las alarmas del sector agrícola durante las últimas campañas: la fuerte presencia de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), insecto vector del achaparramiento causado por spiroplasma. Técnicos e investigadores detectaron nuevamente una importante presión de la plaga en distintas zonas productivas, con niveles de incidencia que superan a los registrados durante la campaña anterior.
La situación genera inquietud entre productores y asesores debido a que el avance de la enfermedad puede provocar importantes pérdidas de rendimiento, afectar la calidad de los cultivos y elevar considerablemente los costos de manejo. Además, el maíz constituye uno de los principales motores de las economías regionales y una pieza clave dentro de la producción agroindustrial argentina.
La problemática será uno de los temas centrales que abordarán especialistas de Aapresid, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) y CREA durante el Congreso Aapresid 2026, que se desarrollará del 4 al 6 de agosto en Rosario. Allí se presentarán los últimos resultados de investigación y las estrategias disponibles para enfrentar una amenaza que continúa condicionando las decisiones productivas en amplias regiones del país.
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El invierno, factor clave para definir el escenario 2026/27
Los especialistas coinciden en que gran parte de lo que ocurra durante la próxima campaña dependerá de las condiciones climáticas del invierno. Las temperaturas de junio y julio son determinantes para reducir o sostener las poblaciones de chicharrita que sobrevivirán hasta la siguiente temporada de siembra.
La biología de Dalbulus maidis juega un papel fundamental en este proceso. El insecto posee una baja tolerancia a las temperaturas frías, por lo que necesita encontrar refugios que le permitan sobrevivir durante los meses sin maíz en pie. En este contexto, cultivos invernales, malezas y plantas voluntarias pueden actuar como un denominado «puente verde», facilitando la permanencia de la plaga entre campañas.
Por esta razón, las heladas representan el principal mecanismo natural de control, ya que contribuyen a disminuir significativamente las poblaciones antes del inicio de las nuevas siembras. Cuanto más intenso y prolongado sea el período frío, mayores serán las posibilidades de comenzar la próxima campaña con una presión inicial menor.
«Necesitamos que se resetee la población«, explicó Alejandro Vera, investigador de la EEAOC, al destacar la importancia que tendrá el invierno en la dinámica futura de la plaga. Según los especialistas, una reducción significativa de los insectos durante esta etapa podría marcar la diferencia entre una campaña manejable y otra con elevados niveles de infestación.
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Manejo responsable y monitoreo permanente
Frente a este escenario, los expertos recomiendan evitar decisiones apresuradas y sostienen que el monitoreo debe ser la principal herramienta para la toma de decisiones. El uso de insecticidas, advierten, no debería transformarse en una práctica automática, sino aplicarse únicamente cuando los relevamientos técnicos indiquen que existe un riesgo real para el cultivo.
De acuerdo con los investigadores, el control químico debe considerarse una herramienta complementaria y de último recurso, especialmente cuando las condiciones ambientales no logran reducir adecuadamente las poblaciones del insecto vector.
Sin embargo, el desafío es particularmente complejo en el norte argentino. En esta región predomina el maíz tardío, cuya siembra suele comenzar a partir de enero, lo que amplía la ventana de exposición a la plaga y favorece la supervivencia de las poblaciones entre campañas.
Los especialistas advierten que las aplicaciones aisladas, realizadas lote por lote, tienen escasas probabilidades de éxito cuando la presión inicial de la plaga es elevada. Por este motivo, cada vez cobra más fuerza la necesidad de implementar estrategias coordinadas entre productores, asesores e instituciones técnicas.
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Una amenaza que sigue vigente
A pesar de los avances logrados en investigación y manejo, la chicharrita continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para el maíz argentino. Su capacidad para transmitir enfermedades, sumada a la dificultad de controlar grandes poblaciones una vez establecidas, obliga a mantener una vigilancia permanente.
Con la nueva campaña acercándose y la presencia del insecto nuevamente detectada en niveles preocupantes, el comportamiento climático del invierno, la ocurrencia de heladas y la coordinación regional de las estrategias de manejo serán factores decisivos para determinar el impacto que la plaga tendrá sobre la producción de maíz durante 2026/27.




