El entramado empresarial argentino continúa mostrando señales de deterioro. Entre enero y abril de 2026 dejaron de operar 5.654 empresas con al menos un empleado registrado.
Según datos del Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT), solo en abril se dieron de baja 1.814 compañías, lo que representa una caída del 0,37% respecto del mes anterior. Además, cerca de dos tercios de las bajas registradas en el primer cuatrimestre se concentraron entre marzo y abril, período en el que desaparecieron 3.825 firmas.
Desde el inicio de la actual gestión nacional, el número de empresas que dejaron de operar asciende a 28.262, mientras que la pérdida de puestos de trabajo registrados supera los 341.000 empleos, de acuerdo con las estadísticas oficiales.
Las pymes, las más afectadas
El mayor impacto continúa concentrándose en las pequeñas y medianas empresas. Si bien desde el Gobierno sostienen que gran parte de las firmas que dejaron de existir eran de reducido tamaño, especialistas advierten que esa lectura puede resultar incompleta.
Explican que muchas compañías disminuyen su plantel de trabajadores antes de cerrar definitivamente, por lo que el tamaño registrado al momento de la baja no siempre refleja la dimensión real que tenía la empresa antes de atravesar la crisis.
Las entidades empresarias coinciden en que la desaceleración de la inflación y una mayor estabilidad macroeconómica representan señales positivas, aunque consideran que todavía no alcanzan para reactivar plenamente la actividad.
Entre los principales reclamos figuran la necesidad de impulsar el consumo, ampliar el acceso al crédito y avanzar en una reducción de la carga tributaria que enfrentan las empresas.
En ese contexto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) pidió nuevas herramientas de alivio fiscal. En paralelo, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) puso en marcha un plan de facilidades de pago para deudas impositivas, aunque desde distintos sectores consideran que la medida resulta insuficiente frente a las dificultades que atraviesan las pymes.
Preocupa el aumento de la morosidad
Otro de los indicadores que sigue bajo observación es el comportamiento financiero de las pequeñas empresas. Desde el sistema bancario señalan que este segmento presenta los mayores niveles de mora en el pago de créditos, una situación que continúa agravándose a diferencia de lo que ocurre con otros sectores.
La evolución, además, no es homogénea: mientras algunas actividades vinculadas al agro, la energía y la minería muestran un mejor desempeño, rubros ligados al consumo interno todavía enfrentan una recuperación lenta.
En este escenario, empresarios y cámaras sectoriales insisten en que mejorar la competitividad requerirá no solo estabilidad macroeconómica, sino también una reducción de impuestos nacionales, provinciales y municipales, junto con políticas que permitan fortalecer la actividad de las pequeñas y medianas empresas, responsables de una parte significativa del empleo formal en el país.




