¿Por qué llueve más con El Niño en Argentina?

Es exactamente el núcleo del problema. El verdadero riesgo de El Niño en nuestra región no es solo que llueva más cantidad a fin de año, sino cómo cae esa agua.

El fenómeno altera la dinámica de la atmósfera de una manera que vuelve a las tormentas mucho más intensas (mucha agua en pocas horas) y persistentes (sistemas de mal tiempo que se instalan y no se mueven por días).

Para entender por qué pasa esto en Argentina y cómo se traduce en el terreno, hay que mirar tres mecanismos clave que se activan en la atmósfera:

1. El «Efecto Esponja» (Lluvias más intensas)

Hay una regla física básica en la meteorología: el aire caliente retiene más humedad que el aire frío. Por cada grado que aumenta la temperatura de la atmósfera, su capacidad para almacenar vapor de agua crece un 7%.

  • Como venimos de registrar récords de temperaturas globales elevadas, la atmósfera ya está «cargada».
  • Cuando El Niño empieza a bombear el aire cálido y húmedo del trópico hacia el centro y noreste de Argentina, se genera un combo explosivo.
  • El resultado: Las nubes de tormenta (Cumulonimbus) se vuelven gigantescas, con un desarrollo vertical enorme. Cuando rompen, descargan chaparrones torrenciales con acumulados que a veces superan los 100 o 150 milímetros en apenas un par de horas, saturando cualquier sistema de desagüe urbano o rural.

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2. Bloqueos Atmosféricos (Lluvias más persistentes)

En años normales o bajo el efecto de La Niña, los frentes fríos entran desde la Patagonia, barren la zona central del país en 24 o 48 horas, descargan y el tiempo limpia rápido. Con El Niño, ese tránsito se rompe.

El fenómeno suele generar lo que los meteorólogos llaman sistemas de bloqueo o frentes estacionarios. El aire cálido y húmedo que baja del norte empuja con tanta fuerza que frena a los frentes fríos que suben del sur. Al chocar estas dos masas de aire de diferente temperatura, el frente se queda «estancado» sobre las mismas provincias (típicamente Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes o Buenos Aires) durante cuatro, cinco o más días seguidos. Esto produce lloviznas persistentes, tormentas recurrentes y cielos cubiertos que no permiten que el suelo se seque.

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La explicación técnica detrás de este incremento de precipitaciones se sostiene en tres factores principales:

  1. Intensificación de la Corriente en Chorro de Baja Intensidad (SALLJ): Se activa un «canal» de vientos del norte que transporta de manera continua el aire tropical húmedo desde el interior del continente directamente hacia el centro y este de Argentina.
  2. Mayor frecuencia de frentes fríos activos: Al encontrarse este aire cálido y sumamente húmedo con las masas de aire frío que suben desde la Patagonia, la atmósfera se vuelve altamente inestable. Esto funciona como el combustible ideal para el desarrollo de tormentas severas.
  3. Saturación del suelo: A medida que los eventos de lluvia se vuelven más recurrentes a partir de la primavera, el suelo pierde capacidad de absorción. Por lo tanto, tormentas que en años normales no causarían inconvenientes, bajo el efecto de El Niño generan anegamientos rápidos debido a que el perfil de la tierra ya está completamente lleno de agua.

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Este escenario representa un alivio definitivo para revertir sequías históricas en los perfiles agrícolas, pero obliga a seguir de cerca la gestión de excedentes hídricos en las zonas bajas de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires de cara al cierre del año.

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