¿Qué impacto tiene el fenómeno de El Niño en la soja y maíz en Argentina?

Si bien este escenario suele ser el preludio de campañas con excelentes volúmenes de producción, el balance final depende de una fina sintonía entre los beneficios hídricos y los riesgos operativos.

En Argentina, el fenómeno de El Niño (la fase cálida del ENSO) suele ser sinónimo de buenas noticias para la agricultura de la región pampeana, especialmente para cultivos de verano como la soja y el maíz. A diferencia de «La Niña», que castiga con sequías severas, El Niño generalmente trae lluvias superiores a lo normal durante la primavera y el verano.

El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), en su fase cálida, constituye uno de los principales motores climáticos para la agricultura argentina. Su manifestación se traduce en un incremento significativo de las precipitaciones por encima de las medias históricas, concentrándose con mayor intensidad durante la primavera y el verano en las regiones productivas clave: la Región Pampeana y el Litoral.

Sin embargo, el impacto no es 100% positivo ni uniforme. El exceso de agua también plantea desafíos logísticos y sanitarios.

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El Impacto en el maíz

El maíz es un cultivo altamente sensible al estrés hídrico, especialmente durante su período crítico (alrededor de la floración, que suele ocurrir entre diciembre y enero para las siembras tempranas).

  • Rendimientos récord: La mayor disponibilidad de agua en el suelo durante el período crítico maximiza el número de granos por espiga, lo que suele empujar los rendimientos por hectárea cerca de los techos potenciales.
  • Estrategia de siembra: Ante un pronóstico de El Niño, los productores suelen volcarse más hacia las siembras tempranas (septiembre/octubre) para aprovechar el pico de lluvias, a diferencia de los años Niña donde se prefieren las siembras tardías (diciembre) para esquivar la sequía.
  • Pérdida de nitrógeno: El principal riesgo agronómico es el lavado (lixiviación) de nutrientes, especialmente el nitrógeno. Las lluvias torrenciales pueden desplazar este fertilizante a capas profundas del suelo donde las raíces no llegan, obligando a re-fertilizar.

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El Impacto en la soja

La soja es un cultivo más plástico que el maíz (soporta mejor los vaivenes climáticos), pero se beneficia enormemente del escenario Niño, particularmente en las etapas de llenado de grano (enero y febrero).

  • Aumento de la producción biomática: El agua asegura un excelente desarrollo vegetativo y un gran número de nudos donde se formarán las vainas.
  • El peligro de los excesos hídricos: La soja sufre mucho el anegamiento. Si los campos quedan inundados o con «piso blando» durante días, las raíces se asfixian, lo que provoca amarillamiento y caída de rendimiento.
  • Presión de enfermedades: La alta humedad constante combinada con temperaturas cálidas genera el ambiente ideal para hongos de fin de ciclo (como la mancha ojo de rana o la cercospora) y problemas de esclerotinia. Esto eleva los costos en fungicidas.

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Como conclusión, para la macroeconomía argentina y el bolsillo del productor, un año Niño suele traducirse en un fuerte incremento en el volumen total de toneladas de soja y maíz, actuando como un gran motor de recuperación tras los ciclos de sequía. La clave del éxito bajo este escenario radica en un manejo eficiente del monitoreo sanitario (plagas y hongos) y una estrategia de fertilización adaptada al movimiento del agua.

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