Trigo: prevén una fuerte caída en la zona núcleo por el impacto de los costos

A pesar de un escenario climático favorable, la próxima campaña de trigo comienza a mostrar señales de ajuste en una de las regiones más productivas del país.

En la zona núcleo, las primeras proyecciones anticipan una reducción significativa en la superficie sembrada, impulsada principalmente por el encarecimiento de los insumos.

De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el área triguera podría caer cerca de un 20% en esa región, lo que equivale a unas 300.000 hectáreas menos respecto al ciclo anterior. De confirmarse este escenario, la superficie total se ubicaría en torno a 1,5 millones de hectáreas.

El dato contrasta con el desempeño de la última campaña, que dejó un volumen histórico a nivel nacional. Sin embargo, el nuevo ciclo se presenta con una ecuación económica mucho más ajustada, que empieza a condicionar las decisiones de siembra.

El principal factor detrás de este retroceso es el fuerte aumento en el costo de los fertilizantes, especialmente la urea, un insumo clave para el cultivo. En el último año, su valor registró una suba considerable en dólares, lo que deterioró la relación insumo-producto y elevó los costos por hectárea.

Según relevamientos técnicos en la región, la relación entre el precio del fertilizante y el cereal se volvió más exigente, obligando a los productores a alcanzar rindes cada vez más altos para cubrir los costos. Este escenario impacta con mayor fuerza en los campos alquilados, donde la estructura de gastos es más elevada y los márgenes son más sensibles.

Con los valores actuales, los planteos en campo propio muestran rentabilidades muy ajustadas, mientras que en esquemas de arrendamiento directamente aparecen resultados negativos en muchos casos. Esto explica por qué, más allá de la intención inicial de sostener el área, la decisión final se inclina hacia una reducción.

El contexto genera una paradoja para el trigo

Las condiciones hídricas son, en general, favorables y permiten proyectar buenos rindes, pero los números no acompañan. Así, la definición de la campaña deja de depender exclusivamente del clima y pasa a estar fuertemente condicionada por la estructura de costos. En paralelo, la cosecha de soja también refleja complicaciones. El avance de las labores se encuentra muy retrasado en comparación con años anteriores, afectado por las lluvias recientes que dificultan el ingreso a los lotes y generan riesgos sobre la calidad del grano.

Este panorama mixto —con buena disponibilidad de agua pero altos costos— marca el inicio de una campaña fina atravesada por la cautela. Si bien el potencial productivo está presente, la sostenibilidad económica será el factor determinante para definir cuánto trigo finalmente se sembrará en la región núcleo y, por extensión, en buena parte del área agrícola nacional.

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