Maite Kungfu Missy no solo se quedó con el campeonato, sino que volvió a poner en primer plano el potencial de la genética lechera argentina y la importancia de una competencia que, después de 105 ediciones, continúa midiendo en condiciones reales la capacidad productiva de las grandes vacas lecheras del país.
“Es una vaca tremendamente lechera. En su tercer parto todos los días nos daba 75 litros como si nada”, destacó Guillermo Miretti, titular de La Luisa, la cabaña de la familia que se quedó con el máximo reconocimiento en el tradicional Concurso de Vacas Lecheras.
Esta semana se llevó a cabo la 105ª edición del Concurso de Vacas Lecheras de la ExpoRural de Rafaela y la Región, una competencia que se desarrolló en el marco del 120º aniversario de la Sociedad Rural de Rafaela y que constituye una de las pruebas más tradicionales de la actividad lechera argentina.
La gran protagonista fue Maite Kungfu Missy, una vaca perteneciente a la cabaña La Luisa, propiedad de la familia Miretti, que alcanzó 178,824 puntos y se ubicó cuarta en el ranking histórico del concurso y segunda en cantidad de kilos de leche.
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Una producción extraordinaria en cuatro ordeños
Desde el primer ordeño, el box 602 se posicionó al frente de la competencia. El ejemplar registró parciales de 39,120; 39,515; 39,455 y 38,965 kilos, respectivamente.
En total, alcanzó 157,055 kilos de leche, una marca que le permitió sacar ventaja sobre sus competidoras y quedarse con el campeonato.
Además de la cantidad de leche producida, la competencia también contempló la calidad de los sólidos. En la jornada del jueves, Maite registró un promedio de 2,701 kilos de grasa y 2,246 kilos de proteína.
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Genética, alimentación y cuidado: la fórmula detrás de la campeona
Guillermo Miretti destacó que detrás del desempeño de Maite existe una combinación de genética, alimentación, manejo y cuidados que permitió que el animal expresara todo su potencial productivo.
“Es una vaca tremendamente lechera. En su tercer parto, todos los días nos daba 65 litros como si nada. Proviene de una familia muy sólida: su tía fue Gran Campeona y Vaca del Año en esta exposición. Estamos orgullosos porque se ve que de la genética, la alimentación y el cuidado salen estas cosas”, señaló.
El productor también resaltó el acompañamiento de las nuevas generaciones y del equipo que trabaja diariamente en la preparación de los animales.
“Es un gran desafío venir cada año a las exposiciones, pero sobre todo a Rafaela, donde la competencia cada vez toma otra forma”, sostuvo Miretti.
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Un concurso que mide productividad real
Para el titular de La Luisa, una de las principales virtudes de esta competencia es que no se trata solamente de una exhibición, sino de una prueba concreta de productividad, con controles sobre la producción obtenida.
“Me apasiona desde la época de mi padre, porque es tremendamente real. Tendrían que participar todas las cabañas, al menos con una vaca. Este es el único concurso que queda en el país y por eso es tan notorio”, afirmó.
Miretti también felicitó a los equipos responsables de los controles y reclamó una mayor difusión de esta tradición lechera.
“Gracias a ellos se sigue haciendo y tendría que ser mucho más difundido”, remarcó.
Más allá del resultado y de los títulos obtenidos, el productor puso el foco en la importancia de mantener una genética de calidad y sostener el trabajo cotidiano de las cabañas.
“Ochenta litros por día son plata, pero lo más importante es cómo se trabaja, cómo se sostiene la genética y cómo se mantiene viva la historia de las exposiciones. No tendríamos que perderlo; tendría que ser cada vez más importante”, expresó.
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Más de un siglo poniendo a prueba a las grandes productoras
El Concurso de Vacas Lecheras de la ExpoRural de Rafaela es considerado único en el país y cuenta con más de un siglo de trayectoria.
La competencia se desarrolla mediante cuatro ordeños controlados, realizados cada 12 horas, luego de un período de secado previo. Todo el procedimiento cuenta con supervisión técnica del INTI Lácteos, con el objetivo de garantizar la transparencia de los resultados.
La modalidad de ordeño en fila también busca asegurar el bienestar de los animales y condiciones uniformes para todas las participantes.
La tradicional prueba solo tuvo una interrupción en 2020, debido a la pandemia, y volvió a formar parte de la agenda de la exposición.
En esta edición participaron tres cabañas, con tres ejemplares Holando y una Montbeliarde, aportando diversidad genética y distintas características vinculadas con la producción de leche y la generación de sólidos.
Así, Maite Kungfu Missy no solo se quedó con el campeonato, sino que volvió a poner en primer plano el potencial de la genética lechera argentina y la importancia de una competencia que, después de 105 ediciones, continúa midiendo en condiciones reales la capacidad productiva de las grandes vacas lecheras del país.




