En una campaña marcada por lo que podría ser un súper El Niño, anticiparse y tomar decisiones de manejo con información puede ser determinante para proteger el potencial de rendimiento y aprovechar las oportunidades que ofrece un escenario hídrico más favorable.
La intensidad de El Niño ya comienza a sentirse en distintas regiones productivas y los pronósticos anticipan que el fenómeno podría fortalecerse a partir de octubre. Frente a este escenario, productores y asesores ya analizan distintas alternativas de manejo para reducir los riesgos climáticos y evitar que los cultivos pierdan potencial de rendimiento.
Desde ajustes en la fecha de siembra hasta cambios en la densidad, los grupos de madurez y el manejo sanitario, el abanico de estrategias es amplio. Un informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario recopiló las principales herramientas que los productores tienen bajo análisis para enfrentar una campaña condicionada por el exceso de lluvias y una mayor disponibilidad de agua.
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Las estrategias que ganan terreno frente a El Niño
Según el relevamiento de GEA, el ajuste de la fecha de siembra aparece como la principal estrategia, concentrando el 38 % de las consideraciones de los productores y asesores consultados.
Maíz: adelantar o retrasar la siembra según el ambiente
En el caso del maíz temprano, una de las alternativas planteadas es adelantar la implantación entre una y dos semanas, con el objetivo de ubicar el período crítico del cultivo durante diciembre y evitar las temperaturas más elevadas de enero.
Después de varias campañas dominadas por La Niña, en las que el maíz tardío ganó protagonismo como estrategia para reducir el riesgo hídrico, el escenario comienza a modificarse. Con una mayor disponibilidad de agua asociada a El Niño, el maíz temprano vuelve a recuperar atractivo.
Sin embargo, la decisión no es igual para todos los ambientes. En el oeste bonaerense, por ejemplo, los asesores advierten sobre los lotes con riesgo de anegamiento. En esas situaciones, recomiendan demorar la implantación y optar por maíces tardíos, aprovechando una ventana de siembra más segura.
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Soja: ganar días puede traducirse en más kilos
Para la soja de primera, en Marcos Juárez los asesores plantearon comenzar la implantación entre el 10 y el 15 de octubre, cuando habitualmente las labores se inician alrededor del 20.
En la soja de segunda, la recomendación apunta a aprovechar al máximo la ventana disponible. En un año Niño, cada día que se pueda ganar en la fecha de siembra puede convertirse en mayor rendimiento, especialmente porque una implantación temprana permite extender el período disponible para el desarrollo del cultivo.

Manejo sanitario: más agua, mayor vigilancia
El manejo sanitario ocupó el segundo lugar, con el 23 % de las opciones técnicas consideradas.
La mayor disponibilidad de humedad genera condiciones favorables para la aparición y desarrollo de enfermedades. Por eso, la estrategia apunta a implementar un monitoreo intensivo y permanente, especialmente en trigo y cultivos de verano.
La clave será detectar de manera temprana la presencia de patógenos y actuar rápidamente, evitando que las enfermedades avancen y comprometan el potencial productivo.
Grupos de madurez: otra decisión clave
En tercer lugar, con el 15 % de las respuestas, apareció la elección de ciclos y grupos de madurez.
En Pergamino, los asesores consideraron conveniente incrementar el uso de grupos de madurez más cortos en soja, particularmente los grupos IV y, dentro de ellos, los IV cortos, que han mostrado un buen comportamiento en ambientes de alto potencial.
La elección del material se convierte así en una herramienta para adaptar el ciclo del cultivo a las condiciones ambientales y aprovechar mejor la disponibilidad de agua.
Más plantas y nitrógeno para aprovechar el potencial
Por último, el 8 % de los encuestados señaló como alternativa incrementar la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada en maíz.
En Corral de Bustos, algunas estrategias contemplan sumar unas 5.000 plantas por hectárea y, en determinados híbridos, llegar incluso a 10.000 plantas adicionales, acompañando el aumento de población con mayores dosis de nitrógeno.
El objetivo es claro: aprovechar un escenario con mayor disponibilidad hídrica para elevar el potencial productivo, siempre teniendo en cuenta las características de cada lote, híbrido y ambiente.

Anticiparse será clave
El escenario que plantea El Niño obliga al productor a revisar decisiones que durante las últimas campañas estuvieron condicionadas por la falta de agua. Ahora, con la posibilidad de un período más húmedo, la fecha de siembra, la elección del ciclo, la densidad, la nutrición y el manejo sanitario vuelven a ocupar un lugar central.
Más que una única receta, los especialistas plantean ajustar cada estrategia al ambiente y al comportamiento esperado del clima. En una campaña marcada por El Niño, anticiparse y tomar decisiones de manejo con información puede ser determinante para proteger el potencial de rendimiento y aprovechar las oportunidades que ofrece un escenario hídrico más favorable.




