Trébol alejandrino: una herramienta para potenciar la sustentabilidad agrícola

Los resultados refuerzan la importancia de planificar las rotaciones y seleccionar estrategias de cobertura adaptadas a las condiciones de cada lote, con el objetivo de sostener la productividad y mejorar el funcionamiento del sistema agrícola a largo plazo.

Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) demostró que la incorporación de trébol alejandrino como cultivo de servicio mejora las condiciones del suelo y favorece la productividad de los sistemas agrícolas. Los ensayos a campo evidenciaron que esta práctica contribuye al desarrollo del cultivo siguiente y puede incrementar significativamente el rendimiento del maíz en las rotaciones arroceras.

En los sistemas productivos que incluyen arroz, la gestión eficiente de los insumos resulta fundamental para sostener la productividad de los lotes a largo plazo. Frente a este desafío, un equipo de investigación de la Agencia de Extensión Rural del INTA San Salvador realizó un ensayo de larga duración para evaluar distintas rotaciones de arroz con maíz y soja. Además, analizó el aporte del trébol alejandrino como cultivo de cobertura y su potencial para favorecer la degradación de herbicidas residuales presentes en el suelo.

Héctor Rodríguez, investigador del INTA San Salvador y director del trabajo, explicó que el objetivo fue determinar cómo la incorporación de una cobertura vegetal puede estimular la actividad biológica del suelo y mejorar las condiciones para el desarrollo del cultivo subsiguiente.

“Se observó una notable mejora en las condiciones del suelo en profundidad cuando se incorpora el cultivo de servicio. Esto puede estar asociado a una mayor actividad microbiana y al aporte de biomasa de la especie utilizada, favoreciendo la degradación de los herbicidas acumulados en el suelo y reduciendo los efectos de fitotoxicidad sobre el maíz”, señaló el especialista.

A su vez, Rodríguez destacó que la presencia del trébol alejandrino favoreció el establecimiento del maíz dentro de la rotación. Según indicó, la incorporación de esta leguminosa permitió mejorar el crecimiento inicial del cultivo y aumentar el rendimiento de los híbridos evaluados.

Menor fitotoxicidad y mejores condiciones para el desarrollo de las raíces

El estudio incluyó un ensayo en macroparcelas con diferentes materiales de maíz, complementado con evaluaciones de muestras de suelo extraídas a distintas profundidades. Los resultados mostraron que las parcelas con trébol alejandrino ofrecieron un entorno más favorable para el desarrollo de las raíces, con mejoras que también se manifestaron en los estratos más profundos del perfil.

Uno de los resultados más relevantes estuvo relacionado con la reducción de los efectos de los herbicidas residuales. Entre los 0 y 30 centímetros de profundidad, el cultivo de servicio redujo la fitotoxicidad un 21 %, mientras que en la capa de 10 a 30 centímetros la mejora alcanzó el 34 %, de acuerdo con los datos del ensayo.

Además, las parcelas implantadas con trébol alejandrino registraron un mayor contenido de materia orgánica en comparación con aquellas manejadas mediante el esquema tradicional. Esta mejora, junto con los cambios observados en las condiciones del suelo, contribuyó a generar un ambiente más favorable para el crecimiento del maíz.

Los resultados también evidenciaron que los beneficios del cultivo de servicio se reflejaron en variables vinculadas con la implantación, la uniformidad de los lotes y el desarrollo de las espigas, factores que contribuyeron a mejorar la productividad.

El rendimiento del maíz aumentó hasta un 35 %

Uno de los hallazgos más destacados del trabajo fue la respuesta productiva de los híbridos de maíz evaluados. El material que presentó mayor sensibilidad a la rotación registró un incremento de 1.566 kilogramos por hectárea, equivalente a una mejora del 35 % respecto del esquema sin cobertura.

Por su parte, el segundo híbrido evaluado obtuvo un aumento de 557 kilogramos por hectárea, un 11 % más que en el tratamiento sin trébol alejandrino.

De acuerdo con el informe, estas diferencias estuvieron asociadas con mejores condiciones de implantación, mayor uniformidad del cultivo, espigas de mayor tamaño y una fijación más eficiente de los granos.

Los resultados muestran el potencial de los cultivos de servicio como herramienta de manejo en las rotaciones agrícolas, especialmente en sistemas donde la persistencia de herbicidas residuales puede comprometer el establecimiento y el desarrollo de los cultivos posteriores.

El aporte del trébol alejandrino frente a los herbicidas residuales

Otro aspecto relevante del estudio fue la persistencia de los efectos de los herbicidas utilizados en el cultivo de arroz. Según explicó Rodríguez, incluso después de más de 300 días desde la aplicación de los productos, se observaron síntomas de fitotoxicidad en el maíz.

La incorporación del trébol alejandrino permitió reducir esas manifestaciones y mejorar el crecimiento y el rendimiento del cultivo, tanto en híbridos tolerantes como en aquellos no tolerantes a las imidazolinonas.

El especialista señaló que la cobertura vegetal contribuye a generar condiciones favorables para la actividad biológica del suelo. En este proceso intervienen el aporte de biomasa, el contenido de materia orgánica y la actividad de los microorganismos, factores que pueden favorecer la transformación y degradación de los residuos de herbicidas.

En este sentido, el trabajo destaca que la incorporación del trébol alejandrino puede ser una herramienta complementaria para reducir los efectos de la fitotoxicidad residual y mejorar el desempeño del maíz en las rotaciones arroceras.

Una estrategia para mejorar la sustentabilidad de las rotaciones

Las conclusiones del estudio del INTA San Salvador destacan el potencial del trébol alejandrino para mejorar las condiciones del suelo y favorecer la productividad del cultivo siguiente. Los resultados relacionan la reducción de la fitotoxicidad con una mayor presencia de materia orgánica, el aporte de biomasa y el estímulo de la actividad biológica del suelo.

Estos factores contribuirían a favorecer la degradación de las imidazolinonas acumuladas en el sistema y a reducir sus efectos sobre el maíz.

La incorporación de cultivos de servicio, como el trébol alejandrino, surge así como una alternativa de manejo para mejorar la salud del suelo, reducir las limitaciones asociadas a los herbicidas residuales y aumentar el rendimiento del maíz en sistemas agrícolas que integran arroz y otros cultivos.

Con información de: https://www.argentina.gob.ar/

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