La evidencia observada hasta ahora y las últimas actualizaciones de los principales centros climáticos del mundo apuntan en una misma dirección: la posibilidad de que el planeta enfrente uno de los eventos El Niño más intensos jamás observados es cada vez más real.
Los principales centros climáticos internacionales volvieron a encender las alarmas tras la publicación de nuevos pronósticos que refuerzan la posibilidad de que el fenómeno El Niño 2026/2027 se convierta en uno de los más intensos registrados en la historia moderna. La coincidencia entre múltiples modelos climáticos, el extraordinario calentamiento observado en el océano Pacífico y las proyecciones para los próximos meses elevan significativamente la confianza de los especialistas en la ocurrencia de un Súper El Niño de magnitud excepcional.
La última actualización del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), dependiente de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), fue publicada el 20 de julio y es considerada una de las referencias más importantes a nivel mundial para el monitoreo y pronóstico del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur).
El informe reúne las proyecciones de 24 modelos climáticos internacionales, todos inicializados durante julio, luego de que el Pacífico ecuatorial registrara temperaturas extraordinariamente elevadas para esta época del año. Al incorporar estas condiciones iniciales sin precedentes, los modelos coinciden en señalar que el calentamiento oceánico continuará intensificándose durante el segundo semestre, aumentando la probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría histórica.
Otra nota interesante: ¿Qué intensidad tendrá realmente «El Niño» 2026/27?
Un Pacífico cada vez más caliente
Los datos semanales publicados por el Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA muestran que la región Niño 3.4 —considerada el principal indicador para medir la intensidad de El Niño— registró durante la semana finalizada el 15 de julio una anomalía de +2,1 °C respecto de los valores normales.
Se trata de la segunda semana consecutiva con anomalías iguales o superiores a los 2 °C, una situación que habitualmente se observa únicamente durante episodios clasificados como “muy intensos”.
Los indicadores oficiales también muestran una aceleración del fenómeno. Las anomalías relativas, utilizadas actualmente para el seguimiento operativo de ENSO, alcanzaron los +1,4 °C, muy cerca del umbral de +1,5 °C que marca el ingreso a la categoría de El Niño fuerte.
Sin embargo, uno de los aspectos que más preocupa a los climatólogos ocurre debajo de la superficie. Las mediciones oceánicas revelan la presencia de una enorme masa de agua cálida acumulada en las capas subsuperficiales del Pacífico ecuatorial, con anomalías que superan los +6 °C a profundidades cercanas a los 300 metros.
Este reservorio de calor funciona como un verdadero combustible para el fenómeno, ya que parte de esa energía térmica puede emerger gradualmente hacia la superficie durante los próximos meses, alimentando aún más el calentamiento oceánico.

Los modelos apuntan a un escenario excepcional
Las simulaciones más recientes muestran una señal cada vez más consistente: El Niño no solo persistiría durante la primavera y el verano del hemisferio sur, sino que podría alcanzar una intensidad comparable o incluso superior a los eventos históricos de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
Algunos escenarios proyectan anomalías que podrían superar los 3 °C en la región Niño 3.4, un nivel extremadamente raro dentro de los registros instrumentales y que justificaría la denominación de Súper El Niño.
La creciente convergencia entre los distintos modelos climáticos es uno de los elementos que más fortalece la confianza de los especialistas. Cuando la mayoría de las simulaciones coinciden en una misma tendencia con varios meses de anticipación, la probabilidad de que el escenario finalmente se concrete aumenta de manera considerable.
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¿Qué implicancias tendría para Sudamérica?
Si las proyecciones actuales se confirman, Sudamérica podría experimentar importantes alteraciones en sus patrones climáticos durante la campaña 2026/2027.
Históricamente, los eventos fuertes de El Niño han estado asociados a lluvias superiores a lo normal en amplias zonas del centro y norte de Argentina, Uruguay, sur de Brasil y Paraguay, mientras que otras regiones del continente suelen registrar comportamientos opuestos.
Para el sector agropecuario, un evento de estas características podría traducirse en una mejora significativa de las reservas hídricas en muchas áreas productivas, aunque también aumentaría el riesgo de excesos de humedad, inundaciones y dificultades operativas en determinadas regiones.
Por el momento, los especialistas advierten que aún restan varios meses de seguimiento antes de confirmar la magnitud definitiva del fenómeno. Sin embargo, la evidencia observada hasta ahora y las últimas actualizaciones de los principales centros climáticos del mundo apuntan en una misma dirección: la posibilidad de que el planeta enfrente uno de los eventos El Niño más intensos jamás observados es cada vez más real.




