Si bien hay mucho optimismo por su lado más positivo, pero también se piensa en el exceso también puede generar problemas. Inundaciones, anegamientos, crecidas de ríos, dificultades para ingresar a los lotes y enfermedades asociadas a ambientes excesivamente húmedos son algunos de los factores que deberán ser monitoreados.
La próxima campaña agrícola podría alcanzar niveles récord de producción y, en parte, el escenario estaría asociado al efecto favorable de El Niño. El fenómeno, actualmente de intensidad fuerte, proyecta un aumento de las precipitaciones sobre amplias zonas de la Cuenca del Plata y las principales regiones productivas del país.
El escenario presenta dos caras. Por un lado, el exceso de lluvias genera preocupación en el norte argentino por posibles crecidas de los ríos, anegamientos y excesos hídricos. Pero, al mismo tiempo, las precipitaciones podrían favorecer al sector agrícola al garantizar una buena disponibilidad de humedad en los perfiles del suelo durante la primavera y el verano.
Las proyecciones indican que las lluvias podrían mantenerse de manera regular durante la primavera sobre la región central, con una señal de precipitaciones superiores al promedio durante diciembre y enero en la zona núcleo, justamente en meses decisivos para el desarrollo de los cultivos de la campaña gruesa.
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Un escenario hídrico poco habitual
Uno de los aspectos más destacados del escenario actual es que hace más de una década que no se registra un comienzo de campaña con reservas de agua tan favorables en los perfiles del suelo. A esto se suman los pronósticos que anticipan lluvias abundantes durante los próximos meses, una combinación que podría resultar determinante para los rindes.
Este contexto ya comienza a reflejarse en las estimaciones productivas. Para la campaña 2026/27, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta una producción total de 157,9 millones de toneladas, por encima de los 157,1 millones de toneladas de la campaña anterior.
De concretarse estas previsiones, el sector agropecuario podría quedar frente a uno de los mayores volúmenes productivos de los últimos años.
Cómo viene el año
Hasta ahora, 2026 mostró una distribución muy irregular de las precipitaciones. La mayor parte del territorio argentino recibió lluvias dentro de los valores normales o por encima de ellos, aunque la zona núcleo constituye una excepción, debido a la menor disponibilidad de agua registrada durante los últimos meses.
Esta situación resulta poco habitual para un invierno que transita hacia una fase de El Niño. En términos generales, los pronósticos se han aproximado al comportamiento observado en buena parte del país, aunque hubo diferencias importantes en Buenos Aires y el sur de Santa Fe, donde las precipitaciones quedaron por debajo de lo esperado.
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Lluvia acumulada total en los últimos 3 meses

El lado positivo de El Niño
El fenómeno climático se encuentra avanzando hacia una etapa de máxima intensidad. Durante la última semana de septiembre, la región Niño 3.4 presentó anomalías de temperatura superficial cercanas a +3 °C, un valor extraordinariamente elevado.
Las proyecciones indican que el calentamiento del Pacífico podría continuar hasta comienzos de diciembre y luego comenzar a disminuir. Sin embargo, la atmósfera no responde de manera inmediata a los cambios de temperatura del océano: existe un desfase que puede extenderse durante varios meses.
Por eso, aun cuando la temperatura del Pacífico comience a descender, la influencia de El Niño sobre las precipitaciones podría hacerse más evidente durante la primavera y el verano.
Esta característica es clave para la agricultura: el período de mayor impacto de las lluvias podría coincidir con las etapas de mayor demanda de agua de los cultivos de la campaña gruesa.
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Qué puede ocurrir durante octubre y noviembre
Durante octubre, el escenario climático podría mantener características similares a las actuales, aunque posteriormente comenzaría una modificación progresiva de las áreas con mayores precipitaciones.
Para octubre se prevé un incremento de las lluvias acumuladas hacia el norte del Litoral argentino y el sur de Brasil. Este patrón podría contribuir a aumentar todavía más los caudales de los grandes ríos que ingresan o atraviesan el territorio argentino, entre ellos el Paraná, el Iguazú y el Uruguay.
Al mismo tiempo, aparecen probabilidades de lluvias importantes y poco habituales para esta época del año en sectores de Cuyo, gran parte de la Patagonia y el sur de la llanura pampeana.
Este escenario sería particularmente favorable para los cultivos de invierno. El trigo podría recibir aportes de humedad en La Pampa, el sur de Buenos Aires, San Luis y Córdoba, regiones donde las precipitaciones serán importantes para sostener el tramo final del ciclo.
La zona núcleo deberá esperar
El comportamiento sería diferente en la zona núcleo. Durante octubre todavía podrían registrarse precipitaciones por debajo de los valores normales, por lo que algunas áreas productivas deberán esperar hasta noviembre para ingresar en un período más húmedo.
En sectores del norte de Buenos Aires, centro y norte de Córdoba, centro y sur de Santa Fe y Entre Ríos, las lluvias podrían ubicarse aproximadamente entre 80 y 100 milímetros mensuales, valores que en algunos sectores resultarían insuficientes para alcanzar los promedios históricos.
La situación, sin embargo, podría comenzar a cambiar con el avance de la primavera.

Noviembre y diciembre: el cambio esperado
Hacia noviembre, las áreas con mayores probabilidades de lluvias comenzarían a extenderse sobre una mayor cantidad de provincias productivas.
El cambio sería todavía más marcado durante diciembre, cuando las proyecciones indican que gran parte del centro y norte argentino podría recibir precipitaciones superiores al promedio.
Los mapas climáticos muestran una amplia franja con señales de lluvias abundantes e incluso excesivas, extendiéndose desde sectores de la Patagonia hasta el noreste argentino.
Entre las provincias que podrían presentar una tendencia hacia un verano más húmedo aparecen La Pampa, Buenos Aires, San Luis, Entre Ríos, Santa Fe, Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones.
En estas regiones, el escenario contempla lluvias y tormentas frecuentes que podrían llevar los acumulados mensuales hasta superar los valores normales.
El desafío: aprovechar el agua sin que se convierta en un problema
El escenario de El Niño plantea, entonces, una situación con oportunidades y riesgos para el campo argentino. La mayor disponibilidad de humedad puede ser determinante para sostener buenos rindes, especialmente en una campaña agrícola que parte de reservas hídricas favorables.
Pero el exceso también puede generar problemas. Inundaciones, anegamientos, crecidas de ríos, dificultades para ingresar a los lotes y enfermedades asociadas a ambientes excesivamente húmedos son algunos de los factores que deberán ser monitoreados.
La clave estará en cómo se distribuya finalmente la lluvia.
Si las precipitaciones llegan de manera regular y acompañan las necesidades de los cultivos, El Niño podría convertirse en un importante aliado de la campaña 2026/27 y contribuir a que Argentina alcance una nueva cosecha récord. Si, en cambio, los acumulados se concentran en períodos muy cortos, los excesos hídricos podrían transformar parte de ese beneficio en un desafío productivo.




